Una inquebrantable verdad sobre la hospitalidad

· Sabiduría de suegra
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Hay casas y casas. Y algunas se comportan como auténticas receptoras de seres humanos. De modo que si, por circunstancias inexplicables, has ido a vivir a una de ellas, deberías tener en cuenta los axiomas, principios, corolarios y leyes que rigen (y se derivan de) el fenómeno de la hospitalidad. A mi suegra −juiciosa y sentenciosa como Gonzalo de Berceo− se le caen:

−Es más fácil engordar a tus visitas que adelgazar tú.

Tenlo en cuenta, porque hay fechas y fechas. Y algunas atraen tanta comida y tanto dulce a los hogares receptores que las estanterías de la nevera se terminan combando de tantas sobras, restos, porciones, remanentes y vestigios. Claro, el visitante esporádico y la sonrisa fugaz tienen más capacidad para mantener el estómago a raya que el hospitalario morador de excedentes, que no tira porque queda poco, da lástima, son dos bocados y otros imponderables (el comer y el rascar, todo es empezar).

Ya habrá tiempo para más disquisiciones hospitalarias.

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