La metamorfosis

· Libros, Pensamientos
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Lo siento, voy a ser impopular. Toca hablar de esfuerzo, sufrimiento, trabajo, estudio, concentración, constancia, dedicación, compromiso y otros familiares, todos ellos con tan mala reputación que casi nadie los invitaría —por placer, gusto y disfrute— tan siquiera a una frugal y pasajera cena, qué decir de instalarlos en casa, como un hábito, y darles pijama y lecho.

Es cierto, somos hijos del «I want it all, and I want it now», y todo lo que nos haga atisbar la menor gota de sudor nos asusta.

Pero qué le vamos a hacer, incluso si no queremos, mejorar, aunque sea un poco, sobrevivir incluso, nos exige salir cada día de nuestra llamada zona de comodidad (cama, sofá, acomodaticias costumbres…) y nos impele hacia mundos inexplorados (los procelosos mundos interiores y los inextricables universos exteriores, o viceversa) y llenos de sorpresas.

¿Cuánto estamos dispuestos a sufrir (en el buen sentido)?, ¿a salir de nuestros límites y fronteras para alcanzar nuestros sueños? ¿Los tenemos, verdaderamente?

¿Sabemos cómo lograr nuestros objetivos?

A veces no, pero estos nos ayudan a caminar en la dirección apropiada y a soslayar el esfuerzo.

Ciertamente, un título llamativo para quienes buscan rebasar o ampliar sus propios límites.

Ciertamente, un título llamativo para quienes buscan rebasar o ampliar sus propios límites.

No es el tiempo marcado como objetivo el que mejora el rendimiento, sino el efecto que ese objetivo tiene sobre el modo en que los atletas interpretan su percepción del esfuerzo. 

¿Cuánto estás dispuesto a sufrir?, Matt Fitzgerald. Tutor. Boadilla del Monte, 2016. Página 74.

Esta cita la podemos aplicar casi a cualquier campo. Simplemente necesitamos cambiar dos palabras: tiempo por sueño (u otras, como resultado, mejora, cambio, etcétera) y atleta por persona. Y, evidentemente, esfuerzo se puede trocar por las temidas estudio, trabajo, constancia y demás.


Le dedico esta entrada a todo aquel que, en algún momento de su existencia, ha tenido la necesidad de trabajarse a fondo para salir de un bucle nocivo (y descendente), metamorfosearse, virar su timón o ponerle otro norte a su brújula.

Y espero que se me haya entendido bien: ni estoy haciendo apología del movimiento, ni un ataque frontal al estancamiento. Cada cual…

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