Pequeños saltos interiores

· Libros, Pensamientos
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Hay momentos mágicos, de gran fatiga física e intensa excitación motriz, en los que tenemos visiones de personas que hemos conocido en el pasado. Como supe más tarde […], también podemos tener visiones de libros aún no escritos.

El nombre de la rosa. Umberto Eco. Lumen. Barcelona, 2000. Prólogo, páginas 10 y 11.


¿A quién no le gusta saltar sobre sus charcos y detenerse a oír cómo sus pies se estampan en el suelo? Un salto corto, que nos moje, mas no en exceso.

¿Quién no busca de vez en cuando una brizna de inspiración, esa ventana entornada que nos permite, aunque sea por las ranuras, asomarnos a un atisbo de oxígeno, luz y cielo? Una visita corta, tímida, juguetona y divertida.

Muchas veces buscamos inspiración, conexión, flujo… Y en muchas ocasiones es ese subconsciente reprimido quien viene a buscarnos a nosotros (¿qué son los sueños si no?).

Empero, ¿cómo superamos esas barreras (que nos imponemos todos)?

flor

Una de las imágenes que más me inspiran siempre: una delicada y débil hierba silvestre busca luz y calor abriéndose paso a través de un mazacote de asfalto. Imagen tomada de abalossismico.blogspot.com.es

Existen atajos efectivos y sencillos. Uno de ellos (y esto no es apología de un lector de fondo) es viajar al bosque de la gran fatiga física. Para llegar a él, el cuerpo debe desprenderse de sus capas más superfluas y pesadas (directamente, las pierde), y para cuando se ha adentrado en la parte más clorofílica de ese gran Amazonas interior (de verde intenso y de aire cristalinoxigenado), ya se ha concentrado en lo esencial: respirar y estar. Ya no quedan corazas. En ese gran estado de agotamiento, el cerebro fluye a sus anchas. No hay barreras, los recuerdos acuden prestos. Y también viajan libres los pensamientos y los libros no escritos…

Otro de los atajos más sencillos es la risa. Así, sin más. Reírse nos hace saltar, nos permite jugar con lo imposible y acelera nuestras conexiones. ¿Quién da más por menos?


Le dedico esta pequeña entrada a una delegada insigne, una jajaizante perla que dio a parar a un océano habitado por muchas barreras interiores. Ha nacido para jajajear, y para mí eso es algo burbujeante, esdrújulo y vital: cada día llena de vida a la vida. Espero que sea para siempre.

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