Gustosa presa del diablo de la novedad

· Libros, Pensamientos
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Tanto nos ciega la novedad que muchas veces se nos pasa por alto un concepto muy sencillo que paso a bautizar y a definir a continuación:

Ley oculta de la novedad

¡Existen los clásicos!

Axioma

Todo clásico fue novedad.

Corolario

Todo lo que se ha olvidado bien es nuevo.


Esto último lo aplicaba el fallecido Víktor Korchnói al ajedrez (a la preparación de recetas en la apertura para sus rivales), actividad humana, como toda, suscrita a las modas; aunque nosotros trataremos de extrapolar a la literatura.


Le dedico esta pequeña entrada al balzaquiano Alberto Espinazo —quien me regaló hace poco Papá Goriot de Honoré de Balzac—, como yo, amante de los clásicos, y a toda persona que de cuando en cuando me pregunta: «Yago, veo muchas novedades últimamente, pero no sé qué leer, ¿qué me recomiendas?».

La mayor parte de las veces contesto: «¡Un clásico!».

Respuesta fácil (y económica: ¡las bibliotecas también existen!), pero ¿qué mejor modo de leer una novela histórica? ¿O de conocer una cultura pretérita, sus preocupaciones, costumbres, el tempo en el que se vivía, cómo se vestía…?


Volviendo a Balzac, al París de 1834, veamos una reflexión del libro:

—Mire usted, no sabe lo que me hubiera defraudado oírle expresarse de otro modo —replicó el tentador—. Es usted un guapo mozo, delicado, orgulloso como un león y dulce como una jovencita. Sería una gustosa presa para el diablo. Me gusta esa cualidad en los jóvenes. Dos o tres reflexiones más de alta política y verá el mundo tal cual es.

Papá Goriot. Honoré de Balzac. Altaya, 2005. Página 141.


Papá Goriot, página 230.

Papá Goriot, página 230.

Para acabar, y como corrector de fondo que soy, aprovecho la coyuntura para hablar sobre un error común en el proceso de edición de libros, textos, trabajos, etcétera: el error por mejora, que se desliza cuando, en la fase de encerado y pulimento, al tratar de mejorar la redacción de un pasaje completo o de una sola oración, se nos quedan residuos anteriores —partículas de jabón adheridas que no terminamos de advertir— que empeoran la calidad del resultado final. Por ejemplo:

No se me ocurría nada qué decir.

Papá Goriot. Honoré de Balzac. Altaya, 2005. Página 230.

Creo que aquí el traductor resbaló. Seguramente, al principio tradujo No se me ocurría qué decir, y luego, al introducir el nadase olvidó de eliminar una tilde en el qué.

Lo correcto aquí habría sido: No se me ocurría nada que decir.

1 comentario

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  1. albertoespinazo

    “Novedad” es la palabra mágica para hacer caja a costa del lector mediocre con malogradas aspiraciones culturales (el otro término es “Premio Planeta”). También en el presente la literatura cuenta con obras de calidad, la mayoría despreciadas por las grandes editoriales. Sólo aquellos trabajos ilustres que sobrevivan al aislamiento mercantilista engrosarán la colección de grandes clásicos (para regocijo póstumo de sus autores).

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