Doctor, mírame a los ojos

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Mirarnos a los ojos no es ninguna bobada, implica atención y cierta predisposición hacia la empatía emocional. Y, en el mundo médico, un acercamiento hacia la postura «Siento tu dolor».

Y el consejo, pues, aunque corto, no deja de ser muy importante, como queda explicado a continuación:

Hace poco tuve la ocasión de conocer personalmente, en una visita al médico, ese mismo «salvavidas»¹. Después de invitarme a tomar asiento, de tomarme la presión sanguínea y de colocar el aparato a la derecha y detrás de mí, la enfermera se situó frente al monitor y también a mis espaldas. Y, después de anotar los resultados de sus mediciones, me formuló mecánicamente una serie de preguntas que iban apareciendo en su pantalla mientras tomaba nota de mi respuestas.

Nuestras miradas jamás se cruzar, salvo en el momento en que, al abandonar la habitación, se despidió diciendo: «Encantada de haberlo conocido», un comentario que, dada la situación, no dudaría en calificar, dicho sea de paso, como una broma de mal gusto.

Yo también habría estado encantado —de haber tenido la oportunidad— de haberla conocido. Esa falta de contacto ocular refleja una modalidad de encuentro anónimo y despojado de toda conexión emocional. Y esa falta de calor significa también que yo (o ella) perfectamente podría haber sido un robot.

Pero no soy el único. Los estudios realizados al respecto en las facultades de medicina han puesto de relieve que los médicos que miran a los ojos de sus pacientes, asienten mientras escuchan, nos tocan amablemente cuando algo nos duele y nos preguntan, por ejemplo, si nos encontramos cómodos sobre la camilla, obtienen una valoración más elevada de estos. Cuando, por el contrario, no dejan de mirar el portapapeles o la pantalla de ordenador, las puntuaciones obtenidas son más bajas.

Focus. Daniel Goleman. Kairós, Barcelona, 2013. Página 129.

Bueno, y como corolario, no hace falta que os diga qué clase de doctores puede obtener —casi con independencia de acertar o no con un tratamiento— un mayor número de demandas. Este efecto, que en realidad debería ir al final a la hora de decidirse a mirar a los pacientes a los ojos, tal vez consiga que ciertos doctores, a fuerza de forzarse a mirar, también aprendan a ver.


1. Una máquina que «puede salvar vidas» en la cual «una plataforma con ruedas sostiene un monitor de un vídeo y un teclado, así como una superficie con un esfigmomanómetro y otros aparatos similares».


Esta entrada está escrita a favor de una medicina más humana, para un mundo mejor y más cercano.

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