Panza arriba

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panza arriba

Panza arriba, una imagen de suzandtell.wordpress.com.

Un poco más allá de la infancia, a nadie le gusta mostrarse desvalido, panza arriba, con las orejas gachas y el cuello completamente extendido ante los ojos (¿depredadores?) de los demás, es síntoma (reconocimiento, asunción) de que somos vulnerables (o de que, simplemente, no nos sentimos capaces o merecedores), tal vez porque notemos sus colmillos (carcajadas) cerniendo nuestros cuellos, sus dedos apuntando en nuestra dirección.

Pero, ¿no es un signo de fortaleza enseñar (desnudar) una flaqueza o una necesidad para tratar de superarla?:

Hay que ser muy valiente para pedir ayuda, ¿sabes? Pero hay que ser todavía más valiente para aceptarla.

Los besos en el pan. Almudena Grandes. Tusquets. Barcelona, 2015. Página 268.


Decía Konrad Lorenz que en la medida en que los animales han ido desarrollando armas letales, lo ha hecho su repertorio inhibitorio, sobre todo cuando se baten con otros miembros de su misma especie (territorio, alimento, cobijo, posición… vamos, lo de siempre). El ser humano también sabe mostrarse vulnerable, aunque, por desgracia, muchas personas (organismos, instituciones, Estados…) tienen la conducta inhibitoria alterada y aprovechan las muestras de flaqueza para infligir más daño. Quizá por eso (y especialmente en las distancias cortas) debemos sopesar cuándo y con quién podemos mostrarnos fuertes (es decir, débiles), tal como somos.

 

 

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