Relaciones tecnológicas

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Hace muchos meses (y muchas mesas) que presencio el mismo escenario: móviles, dedos (más o menos grasientos, apresuradamente limpios) en busca de una pantalla, comprobando a cada tenedorada si ha entrado un mensaje, se ha recibido un chiste o si se puede hacer algún comentario de sutil y profundo calado existencial (por ejemplo: jajajajajajajaja!). Me desvanezco sigiloso de esas mesas, aunque tal vez no sea necesario, porque cada uno está a lo suyo, dedicado a su aparatejo.

De hecho, soy consciente de que cuando se adueña de nuestra atención «la tecnología entorpece nuestras relaciones» (Focus. Daniel Goleman. Kairós. Barcelona, 2013. Página 16).

Sólo espero que no me ocurra lo mismo que le sucedió a un amigo del doctor Goleman:

Acabo de visitar a unos primos de New Jersey —me contó un amigo—, cuyos hijos poseían todos los dispositivos electrónicos conocidos. Y, como apenas podía ver sus rostros, tuve que aprender a distinguirlos por sus coronillas, porque se pasaban el tiempo mirando su iPhone para ver si alguien les había enviado un mensaje, actualizado su página de Facebook o sumidos en algún que otro videojuego. Eran completamente inconscientes de lo que sucedía a su alrededor y no parecían poseer grandes habilidades interpersonales.

Focus. Daniel Goleman. Kairós. Barcelona, 2013. Página 17.

¿Por qué me llama esto la atención? Porque…

[…] los circuitos sociales y emocionales del cerebro infantil aprenden a través del contacto y la interacción con las personas con las que se relacionan. Y, como esas interacciones moldean los circuitos cerebrales, el aumento del tiempo que pasan con los ojos clavados en una pantalla digital, con el consiguiente detrimento del que dedican a relacionarse con otros seres humanos, no augura nada bueno.

Focus. Daniel Goleman. Kairós. Barcelona, 2013. Página 17.

No obstante lo dicho, hay más motivos que me hacen dudar de todas las bondades que nos venden con la tecnología: espíritu crítico adormecido, pensamiento superficial, falta de constancia, dependencia tecnológica, escasas herramientas personales, impaciencia…

En fin, El Roto, por ejemplo, sabe expresarlo mejor que yo:

El Roto. Viñeta publicada en El País el 11 de mayo de 2016.

El Roto. Viñeta publicada en El País el 11 de mayo de 2016.

El Roto. Viñeta publicada en El País el 27 de abril de 2016.

El Roto. Viñeta publicada en El País el 27 de abril de 2016.

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