Semidioses devastados

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Devastación

Devastación, imagen tomada de rnw.nl.

Nos creemos semidioses, células separadas de un mundo con el que nos negamos a latir, y estamos devastando ese cuerpo que nos aloja y acoge. Cuanto más nos separamos de él, cuanto más lo aislamos, más lo hacemos también con nosotros mismos. Cuanto menos lo comprendemos con nuestras fibras, más lo tratamos de pensar y entender con datos, estudios y aparatos. Confiamos en ellos porque ya no confiamos en nosotros. La tecnología gana la batalla de la facilidad, la inmediatez y la fiabilidad. La pantalla siempre gana, y, poco a poco, vamos abandonando el conocimiento reposado, antiguo y sabio, relegado hace décadas a la categoría de brujería y superchería.

Y nada más lejos de la realidad, porque, como cuentan, los «nómadas del mar»:

Poco antes de que el maremoto del año 2004 asolara las islas del océano Índico donde habitaban, los moken «se dieron cuenta —según me dijo— de que los delfines se alejaban de la costa y las aves dejaban de cantar. Fue entonces cuando, orientando la proa de sus embarcaciones mar adentro, se dirigieron hacia un lugar en que, cuando pasó, la cresta del maremoto apenas si se notó, de modo que ningún moken resultó herido».

Los pueblos que, por el contrario, habían olvidado las artes antiguas de escuchar a las aves, observar a los delfines y saber qué hacer con todo eso, sufrieron las consecuencias.

Focus. Daniel Goleman. Kariós. Barcelona, 2013. Página 172.


Esta observación se la dio Elizabeth Kapu’uwailani Lindsey, antropóloga hawaiana especializada en etnonavegación, exploradora y miembro de la National Geographic Society, al doctor Goleman.

Las conclusiones a las que arriba el doctor Goleman son muy interesantes:

El conocimiento tradicional ha desempeñado un papel fundamental en nuestra evolución social como correa utilizada por las culturas para transmitir su sabiduría a lo largo del tiempo. La supervivencia de las hordas primitivas dependía, en los albores de nuestra evolución, de su inteligencia colectiva para entender su ecosistema local (anticipando los cambios estacionales, los momentos clave para sembrar, cosechar y demás que acabaron codificándose en los primeros calendarios).

A medida, sin embargo, que la modernidad nos ha proporcionado aparatos capaces de reemplazar el conocimiento tradicional (como brújulas, cartas de navegación y, finalmente, los mapas de Google), los pueblos nativos, olvidando sus tradiciones locales (como el arte de la navegación), han ido incorporándose a la corriente general.

Así es como hemos ido perdiendo la experiencia tradicional de conectar con los sistemas de la naturaleza.

Focus. Daniel Goleman. Kariós. Barcelona, 2013. Página 172.


Y no estoy negando el poder de la tecnología, sino que nos estamos olvidando de prescindir de ella. Por desgracia, cuanto menos latimos con nuestro cuerpo interior, menos lo hacemos con el exterior.


He corregido tsunami (muy periodística, es cierto, pero que poco aporta al castellano) por maremoto. E Indico (sin tilde), por Índico. Ya saben, rarezas de un corrector de fondo.

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