Reto para un escapista

· Oxígeno, Pensamientos
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Advertencia: Sólo léase en caso de que no quiera perder (si la tiene) la estima por este humilde juntaletras. De hecho, casi prefiero que cualquier persona sublime, o sublimada por el aparato sublimador de esta sociedad, no intente leer el artículo (¡no quiero perder lectores!).

Nota: Por persona sublime entiendo aquella que ha olvidado, acallado o enterrado su parte más animal. O que no la reconoce.

sublimación. En psicoanálisis, mecanismo inconsciente por el que la energía inherente a los instintos se deriva a una actividad socialmente valorada. (Definición tomada de María Moliner, página 2274).


Preámbulo al reto para un escapista:

Afirma el psicólogo Wayne Dyer en uno de sus libros (creo que en El cielo es el límite) que antes de ser personas debemos aprender a ser animales (eso no significa necesariamente que debamos hacer apología de las heces, de las ventosidades, de los vómitos y de las basuras… aunque a veces disfrutemos hablando de ellas, sino que debemos escuchar nuestro lado animal y no olvidarnos de él, porque existe y explica muchos de nuestros comportamientos y apetencias, tanto en lo social como en lo privado).

El porqué de mi reto:

Siempre me han gustado los magos y sus trucos (es más, me da igual saber que me están engañando, incluso me alegro de que burlen mis sentidos, de que me hagan soñar y disfrutar con todo su arte). Últimamente, en casa, a través de la caja tonta, he visto a algunos magos magníficos realizar proezas fantásticas. Algunos, en un alarde de sus facultades, escapan a trampas mortales (arriesgando su vida) ante un público enteramente arrobado por la magnitud de lo que están presenciando. Ante mi emoción, en casa atemperan mi entusiasmo, claro: «¡Yago, tranquilo, si hubiese muerto no lo sacarían por la tele!».

Cómo y por qué se gesta el reto:

En Valencia se dice con cierta frecuencia sobre una persona amada: «Et vull més que un bon cagar»¹. Ya sé que no es una lindeza esculpir este tipo de frases, menos aún a un ser amado, pero si conseguimos entender (reconocer, asumir e incluso disfrutar de) nuestro lado más animal (o, simplemente, si pasamos varios días extreñidos), entonces podremos apreciar en su justa medida el valor de este gran hallazgo.

Ayer salí a entrenar un medio maratón, como muchos domingos, y, cuando casi (este casi es muy importante) había llegado a casa (a kilómetro y medio de mi añorado retrete), empecé a sentir unos retortijones horribles, de magnitudes descompuestas y apremiantes (no sé si saben a qué me refiero). Tanto que no supe si debía apretar el paso (para llegar antes) o apretar el culo (para llegar entero). Hice lo que pude (apreté el paso, apretando el culo) y logré entrar en el ascensor. Pulsé el botón del segundo piso y la puerta tardó una eternidad en cerrarse. Me hallaba completamente desesperado, aunque lúcido, y acerté a pensar en el chiste de la relatividad:

—¿Cuánto dura un minuto?

—Depende del lado de la puerta del cuarto de baño en que te encuentres.

Cuando la puerta me dejó solo ante el espejo, empecé a forcejear con los cordones que ceñían las mallas a mi cintura. ¡Estaba completamente atrapado! ¡No me podía escapar! ¡No me las podía quitar! «¡Esto sí es escapismo! ¡Escapismo del bueno!», me dije, con los ojos ahogados en lágrimas. Pero los cordones no cedían ante el empuje errático de mis dedos. No obstante, conseguí abrirme paso hasta el cuarto de baño, bajarme las mallas y sentarme en la taza justo a tiempo (y me [y os] ahorro el de qué).

Entonces, sentadito, con la paz de un esfínter relajado, se abrieron todos los canales de la inspiración y se me apareció con claridad… Un reto magnífico para un escapista:

Portada de The Escapist. Imagen tomada de comicbookresources.com.

Portada de The Escapist. Imagen tomada de comicbookresources.com.

Generalmente, los magos escapan a trampas mortales (flechas, fuego, o bajo el agua), en situaciones que los elevan a la categoría inmortal de héroes y valientes porque se están jugando la vida. Llevan sus capacidades al límite, pero de una forma honrosa, elevada… sublimada. Es decir, si no llegaran a salir ilesos de las trampas que los atrapan, el peligro por el que han pasado conseguiría que fuesen recordados con dignidad y asombro.

Mas ¿qué haría un mago en una situación límite si tuviese que escapar de una trampa que en determinado momento activase un grandísimo bidón cargado de excrementos porcinos?

O siendo más sutiles y modernos (la idea es que el público participe del espectáculo y experimente lo que siente el mago), ¿podría construirse un escenario de tal modo que en las gradas el público se sentase en unos retretes individuales, con cristales ahumados (en el lado que da al mago) y a todos a la vez se les administrase un potente laxante, de una efectividad controlada de dos minutos, por ejemplo?

Esquema básico para el reto escapista.

Esquema básico para el reto escapista.

Todos los inodoros (el del mago y los del público) estarían comunicados, y las tapas sólo quedarían libres (se podrían abrir) cuando el mago se deshiciese de sus cadenas y abriese la puerta de su retrete privado.

¿Qué ocurriría si lo lograse? ¡Que todo el mundo celebraría la victoria del mago una vez hubiese experimentado el peligro en sus intestinos! ¡Sería un momento liberador!

¿Y qué ocurriría si no lo consiguiese? Imaginen, imaginen… De ahí la grandeza del reto.

Aún tengo algunas lagunas organizativas, como si se debería proveer al público de una bolsa del espectador (en cuyo interior hubiese toallitas húmedas, un rollo, una bolsa negra por si no terminan de aguantar, etcétera) o no. O si se les debería aconsejar que llevasen una muda al espectáculo… Detalles menores.


 

Ahora me gustaría saber, ¿estuve lúcido o no en ese momento de apertura?

Qué le pido a usted, anónimo lector:

Por favor, envíele (o tradúzcale) este reto a Cosentino, el mago DMC o cualquier mago escapista que conozca para ver si acepta este reto y se puede llevar a feliz término. Sería muy interesante ver (desde el punto de vista del espectáculo y desde un punto de vista solidario, o social) las reacciones del público.


1. En román paladino, «Te quiero más que un buen cagar».

4 comentarios

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  1. Toñi

    Eres un guarro.

    • yagogallach

      Eso se podría debatir. Casi habría preferido que hubieses leído la advertencia y hubieses obrado, pues, en consecuencia.
      Puede que haber escrito este reto no me haya hecho mejor persona, pero durante un momento mágico (más allá de lo creativo) fluyó casi como una verdad revelada.

      • Toñi

        Debatamos lo que quieras. Y leí tu advertencia, pero creí conveniente obviarla.
        ¿Qué fluyó? Y después soy yo la vulgar. Anda, anda…

      • yagogallach

        Estando yo en este mundo, jamás podrás ser vulgar.
        Sólo espero en que si algún día viene un mago para hacer esta prueba te vengas conmigo a verla.

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