¿Bibliocausto? ¡No!, nadie acabará con los libros

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Motus vita est, que decían los romanos. El movimiento es vida, insisto yo.

¿Que por qué escribo esto o qué relación tiene con lo que sigue a continuación? ¡No lo sé! Tal vez me haya venido a la mente y la he dejado libre (sin filtro) por un momento. Tal vez sea porque últimamente he estado viendo algunas películas de animación con mis hijos y me he percatado de muchas similitudes en las historias, en las narraciones, en el tratamiento de los personajes principales. Resumiré así:

Presentación de personajes (el principal, principalmente [valga el chiste malo], es un antihéroe, un rarito, un inadaptado, un pequeño desastre con muy buenas intenciones y poco más que ofrecer); presentación del conflicto (interno y externo, ha de haber dos tipos de conflictos); presentación del malo maloso (al cual todo le sale bien; es decir, es bueno haciendo el mal); el personaje principal trata de vencer al maloso (para ayudar a su comunidad, para evitar que éste se apodere de ella, o porque se avecina una catastrófica catástrofe), pero éste es mejor que él; desarrollo (en paralelo, a ser posible) del conflicto interno; el personaje principal empieza a abandonar (inundado, indudablemente, por la duda); los amigos del personaje principal tratan de ayudarlo y de animarlo, pero no pueden; al final, el personaje principal debe resolver su propio destino (resolución de los conflictos internos y externos), regresa, se enfrenta con el maloso y, de forma más o menos fortuita (más allá de sus propias capacidades, virtudes o poderes), termina trayendo el bien a su comunidad o amigos (el maloso puede acabar mal, expulsado, o muerto; y puede haber enamoramiento o no, dependiendo de la edad del personaje principal). El lema muchas veces es como sigue: la belleza está en el interior; siempre debes creer en ti mismo; si no lo puedes hacer por ti, hazlo por aquellos a quienes amas; cada uno puede ser quien quiera ser. (En principio, a mí no me parecen mal, ni muchísimo menos, esos mensajes que nos tratan de inyectar película a película. Y si meto esto entre paréntesis es porque quiero decir algo).

El problema radica en que a la hora de usar estas fórmulas del éxito narrativo (narrofórmulas) estamos viendo el mismo esqueleto con diferentes pellejos. Y eso empieza a ser un poco aburrido, ¿no? Porque el mensaje es siempre el mismo y no aporta mucho más. Además, incluso los tiempos parecen que estén completamente medidos. Y eso también termina por aburrir.

Ahora entremos en materia, en lo que quería contar, porque ya llevo años creyendo en mi belleza interior, creyendo (y viviendo) según mis propias creencias, y tratando de ser quien quiero ser. Sin olvidarme, claro está, de tratar de lograr mis propios retos por aquellos a quienes amo. Ah, y se me olvidaba, también soy un desastrico bienintencionado (aunque a mi favor puedo informaros de que he ido acumulando superpoderes, como he enumerado en otras ocasiones, aunque nunca haya citado los siguientes: el superpoder sopero [éste suele aparecer con los primeros fríos y suele desaparecer con el deshielo, y ni siquiera es complementario a mi superpoder supersopinstante, una capacidad que me permite, o casi, dormirme donde sea y a voluntad]; el superpoder del melón al corte, habilidad que extiendo a la sandía, al queso y al pan; superpoder lector [me permite amar de forma infinita a los libros, los de papel, y defenderlos como si fuesen mis hijos, incluso aunque estén mal escritos y peor traducidos y editados]).

¡Nadie acabará con los libros! ¿Bibliocausto?, ¡jamás! Bibliocausto es un término que he visto acuñado por primera vez en este libro, en el cual se recogen las entrevistas que Jean-Fhilippe de Tonnac les hizo a los pensadores Umberto Eco y Jean-Claude Carriere.

¡Nadie acabará con los libros! ¿Bibliocausto?, ¡jamás!
Bibliocausto es un término que he visto acuñado por primera vez en este libro, en el cual se recogen las entrevistas que Jean-Philippe de Tonnac les hizo a los pensadores Umberto Eco y Jean-Claude Carriere.

Dice Umberto Eco en Nadie acabará con los libros: «El ser humano es una criatura verdaderamente extraordinaria. Ha descubierto el fuego, edificado ciudades, escrito magníficas poesías, dado interpretaciones del mundo, inventado mitologías. Pero al mismo tiempo no ha dejado de hacer la guerra a sus semejantes, no ha dejado de engañarse, de destruir el ambiente que le rodea. La suma algebraica entre vigor intelectual e idiotez da un resultado casi nulo. Por lo tanto, si decidimos hablar de imbecilidad, en cierto sentido hacemos un homenaje a esa criatura que es a medias genial y a medias imbécil».

Más que nunca, entendemos que la cultura es lo que queda cuando todo lo demás ha sido olvidado.

Jean-Philippe de Tonnac, en Nadie acabará con los libros. Jean-Philippe de Tonnac, Umberto Eco y Jean-Claude Carriere. Lumen. Barcelona, 2010. Página 13.

[…] el libro, a pesar de los desgastes provocados por los filtros, al final supera todas las emboscadas, para bien o para mal.

Jean-Philippe de Tonnac, en Nadie acabará con los libros. Jean-Philippe de Tonnac, Umberto Eco y Jean-Claude Carriere. Lumen. Barcelona, 2010. Página 15.

En cualquier caso, nadie se da cuenta de que me repito, porque no hay nada más inédito que lo que ya se ha publicado y, además, porque la opinión pública (o por lo menos los periodistas) tienen siempre la idea fija de que el libro desaparecerá (o quizá los periodistas piensan que son los lectores los que tienen esa idea fija) y todos formula incansablemente la misma pregunta.

Umberto Eco, en Nadie acabará con los libros. Jean-Philippe de Tonnac, Umberto Eco y Jean-Claude Carriere. Lumen. Barcelona, 2010. Página 20.

El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor. No se puede hacer una cuchara que sea mejor que la cuchara. Hay diseñadores que intentan mejorar, por ejemplo, el sacacorchos, con resultados muy modestos: la mayoría de ellos no funciona. Philippe Starck intentó mejorar el exprimidor, pero su modelo (para salvaguardar una determinada pureza estética) deja pasar las semillas. El libro ha superado sus pruebas y no se ve cómo podríamos hacer nada mejor para desempeñar esa misma función.

Umberto Eco, en Nadie acabará con los libros. Jean-Philippe de Tonnac, Umberto Eco y Jean-Claude Carriere. Lumen. Barcelona, 2010. Páginas 20 y 21.

Y concluyo, ya puestos, como apunta Eco, «podemos imaginar que esa formidable invención que es el ciberespacio desaparezca en un futuro».


Dedico esta entrada a todos los profesionales del papel. A los honrados, claro. A quienes aman el libro (desde el escritor, hasta el impresor, pasando por el corrector, el editor, el librero, etcétera). Que la fuerza os acompañe.

También se la dedico de manera especial a José Manuel Campillo Ortega, un escritor que aún no termina de creer en sus superpoderes narrativos. Sólo deseo que no acabe engrosando las filas de los escritores de narrofórmula. El mundo necesita escritores auténticos, que crean en sus creaciones, que puedan y sean capaces de aportar algo más, algo diferente.

1 comentario

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  1. Dorren von Gómez

    Querido Yaguetón, no podría estar más de acuerdo con tus reparos hacia las narrofórmulas y con lo que dice Umberto Eco. No sólo en las películas de animación se observa esto, sino en las de todos los géneros, siempre que dichas películas provengan de ese lugar carente de ideas llamado Hollywood. Hace mucho tiempo que me di cuenta, por eso dejé de ver películas americanas. No es que les tenga manía, es que no me generan el menor interés. Extiendo mi abominación de lo normativo a otros campos como la música o la literatura. Creo que un artista tiene que ser auténtico y no tener miedo a expresar lo que siente, y a expresarlo como él crea conveniente. Y en el arte de vivir, lo mismo. En cuanto al posible bibliocausto, creo que, de momento, los libros seguirán acompañándonos mucho tiempo más. Los que estamos en peligro de extinción somos los lectores, al menos en España, según una “noticia” del telediario de Telecinco de este mediodía.

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