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Lobezno, Evolución, una obra de Jeph Loeb (a las letras) y Simone Bianchi y Ed McGuinness (a los lápices). Imagen tomada de http://comicapocalipsis.blogspot.com.es/

Lobezno, Evolución, una obra de Jeph Loeb (a las letras) y Simone Bianchi y Ed McGuinness (a los lápices). Imagen tomada de http://comicapocalipsis.blogspot.com.es/

A Lobezno una vez le ocurrió igual que a Kaspárov (ya saben, Cómo la vida imita al ajedrez, o viceversa), en todos los sentidos, y tuvo que evolucionar. Kaspárov no contó con tantas oportunidades (Krámnik no se lo puso fácil, ciertamente). Quizá el astro ruso inspiró a Jeph Loeb, guionista de Lobezno (Wolverine en inglés, aunque suena mucho más rudo en castellano), en una de las reflexiones profundas que éste hace en su evolución:

Pero a veces, cuando un hombre nunca ha sido vencido empieza a creer que no pueden vencerle. Es entonces cuando un hombre, no importa lo justa que sea su causa, lo honrado de sus intenciones, ha perdido.

Lobezno. Evolución. Jeph Loeb, Simone Bianchi y Ed McGuinness. Panini. Torroella de Montgrí, 2007. Página 22.

Regresando a Kaspárov y al Hombre que Derrotó a Gari Kaspárov¹, aquél reconoce en Cómo la vida imita al ajedrez que ser el número uno durante tantos años le perjudicó en su duelo contra Krámnik, pues no supo ver las carencias en su juego y su compatriota sí supo sacar provecho de ellas.


1. El modo en que un viejo amigo llamaba a Krámnik. Creo que lo hacía siempre para resaltar, subrayar y ensalzar el hecho de que alguien (no algo) fuese capaz de acabar con el Ogro de Bakú en un duelo directo. La estrategia de Krámnik (lo llamaron el Kárpov mejorado) durante el duelo de fue secar el dinamismo palpitante de Kaspárov y reducirlo casi al tamaño de una gota de agua. El duelo (al mejor de 16 partidas) se produjo en Londres, el año 2000. Krámnik, con negras, rescató la Berlinesa (o Muro de Berlín) para desesperación de Kaspárov, que no pudo siquiera abrir una grieta. Y con blancas… Bueno, con blancas abrió el marcador en la segunda partida y volvió a puntuar en la décima. Con sólo dos victorias, y tras quince partidas, alguien vencía por primera vez en la historia a Kaspárov con el título mundial en juego. El balance de Krámnik en ese duelo fue: +2, = 13, -0. Ah, se me olvidaba, Kaspárov, en una partida de torneo en la que quedó primero de forma incontestable (Astaná, 2001), consiguió romper los baluartes defensivos de Krámnik en la Berlinesa.

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