Contratos curiosos

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Os presento la siguiente cláusula contractual (válida por dos décadas): «presentar de forma atractiva facetas del conocimiento científico a los adolescentes».

¿Quién tuvo que firmarla?

Pensad, pensad (hasta que os quedéis calvos)…

¿Queréis opciones?

¡No os las voy a dar! (para no desviar la atención).

Copio un poco más: En 1862 «se produce su primer contacto con el editor y político progresista Hetzel, junto al que se consolida definitivamente su éxito literario. Entra en las oficinas de la editorial con el manuscrito de Cinco semanas en globo y sale con un contrato firmado por veinte años, que cuenta entre sus cláusulas la de que todas sus novelas habrían de “presentar de forma atractiva facetas del conocimiento científico a los adolescentes”».

En efecto, Julio Verne fue un «lector infatigable no sólo de libros sino también de periódicos, puesto que antes de ser escritor de libros lo fue de artículos en revistas, estaba al corriente de la actualidad política, económica, científica y tecnológica de todo el mundo». Y «aunque nunca se le ha considerado, desde luego, un genio literario de los de primera fila, lo cierto es que, casi cien años después de su muerte, se le sigue publicando y, lo que es más importante, leyendo en mayor medida que a muchos de aquellos “inmortales” de su tiempo […]».

No puedo agregar nada más a la figura de Julio Verne, pues nunca he sido un estudioso de su literatura, pero sí he leído varias de sus obras, y, en diferentes momentos de mi vida, he vibrado con sus viajes y sus personajes. Sobre la grandeza o el genio literario… Ya se sabe, muchas veces se ha considerado el género de aventuras como un género menor, un mero entretenimiento sin demasiada enjundia o calado. En Verne no era así, en efecto, como podemos comprobar por el contrato que firmó con Hetzel. En otras palabras, «Verne divierte y enseña». Y gracias a este apéndice (traducción, notas y apéndice de Iñigo Valverde Mordt) ahora sé porqué Verne ofrece tantos detalles durante toda la novela. Tal vez hoy en día no podría escribir novelas de aventuras con tanta descripción. Es una pena, pero la gente sólo quiere acción (como ya apunté en otra ocasión).


Las notas del apéndice las he rescatado de las páginas 391, 397 y 398 de Miguel Strogoff. Julio Verne. Anaya. Madrid. 2000.

 

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