Canción de hielo y fuego

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George R. R. Martin, autor de la serie Canción de hielo y fuego. Imagen tomada de www.elbakin.net.

George R. R. Martin, autor de la serie Canción de hielo y fuego. Imagen tomada de http://www.elbakin.net.

Cada novela tiene su atmósfera, su lugar, su entorno, sus personajes y su situación. También tiene su lenguaje.

Aunque es cierto que lo importante de una narración es lo que sucede, lo que se cuenta (la historia en sí misma); no podemos olvidarnos de que tanto los personajes, lo que hacen y cómo reaccionan cuanto les ocurre, como la atmósfera que respiran y los lugares en donde viven, el lenguaje que emplean, etcétera deben tener cierto grado de coherencia. Es decir (o como colofón), todos los elementos de una historia escriben la propia historia y la conforman. Son parte indispensable de ella.

La serie de Canción de hielo y fuego (más conocida como Juego de tronos) ha robado una parte de mi corazón, a pesar de que en la versión en castellano aparecen disolventes atmosféricos claros de tanto en tanto.

Como novela de aventuras, fantástica, de tierra media busca recrear una época lejana, cruda, hostil, mágica… Para ello se valen, no de la metralleta, el arcabuz, los cohetes espaciales o el teléfono móvil, sino de la espada, los arcos, las flechas y los caballos u otras bestias.

Estoy entregado a la causa de la casa Targaryen, Tyrell, Stark, Arry, Tully, Lannister, Frey… o a los propios Hermanos Juramentados de la Guardia de la Noche. Es decir, la novela —la historia— me parece una obra maestra dentro de su género —y fuera de él, hay que reconocerlo, incluso me atrevería a afirmar que traspasa las fronteras de lo universal—, un texto que debería leer todo aquel que dice amar la literatura.

La objeción a la versión en castellano —como ya he apuntado— es la aparición de frecuentes disolventes atmosféricos rociados a lo largo de los capítulos (también he de afirmar lo contrario, pues hay algunas atmósferas y personajes muy bien creados y definidos), algo que enturbia, ensucia y contamina el aire que respira el lector conforme se va adentrando en el universo creado pro George R. R. Martin.

Por ejemplo:

Aparece con mucha frecuencia la familia líder, liderar, nueva en nuestro bendito castellano (que, por cierto, no aporta matices nuevos: ¿o no existían líderes antes?), extraña para nuestro idioma y muy cercana a los tiempos que corren (y, por lo tanto, muy alejada de la atmósfera de la novela).

«Es verdad que son un pueblo libre», concluyó Jon. Casaca de Matraca los lideraba, sí, pero nadie se mordía la lengua a la hora de responderle.

Tormenta de espadas. George R. R. Martin. Gigamesh. Barcelona. Página 112 [la negrita es mía].

Aquí, se podría haber dicho que Casaca de Matraca los dirigía

Los jinetes de la avanzadilla de Mance Rayder los rodearon apenas cruzaron la corriente. Jon los ponderó de una mirada: ocho jinetes, hombres y mujeres, vestidos con piel y cuero curtido, algunos con yelmos o con cotas. Iban armados con lanzas y picas endurecidas al fuego, todos menos su líder, un hombre rubio y grueso de ojos llorosos, que llevaba una enorme guadaña curva de acero afilado.

Tormenta de espadas. George R. R. Martin. Gigamesh. Barcelona. Página 113 [la negrita es mía].

Se trata de el Llorón, un cabecilla del pueblo libre, seguidor de la causa de Mance Rayder, Rey-más-allá-del-Muro.

También vemos prefijos antiguos (todos los prefijos lo son, pues vienen del latín o del griego) empleados de forma moderna. No nos cabría en la cabeza que los personajes de esta novela cada vez que les ocurriese algo dijeran: «Me parece superfuerte, megafuerte, hipersupermegafuerte». Sí, están valiéndose de prefijos propios y correctos, pero su uso se ha extendido en los últimos tiempos, y no casa con la atmósfera de Canción de hielo y fuego.

«Eso sí que es extraño», tuvo que admitir Dany. Belwas el Fuerte era un exesclavo, criado y entrenado en las arenas de combate de Meereen.

Tormenta de espadas. George R. R. Martin. Gigamesh. Barcelona. Página 132 [la negrita es mía].

Seguramente, sería mejor describir a Belwas el Fuerte como un antiguo esclavo (o esclavo libre), criado y entrenado en las arenas de combate de Meereen.

—Belwas el Fuerte no podría tramar un complot ni para ir a desayunar. ¿Y me ha mentido Arstan Barbablanca?

Tormenta de espadas. George R. R. Martin. Gigamesh. Barcelona. Página 137 [la negrita es mía].

Aunque la palabra complot (tomada del francés) convive con nosotros desde hace más de ciento cincuenta años, es posterior a la época medieval (recordemos que no llevan relojes ni tienen despertadores) y no la veo muy apropiada para definir el proyecto, trama o maquinación en secreto para un siniestro o dañado fin. Posiblemente, podría ser apropiado decir:

—Belwas el Fuerte no podría confabular con nadie ni para ir a desayunar.

Asimismo (ya sin entrar en la propia atmósfera de Canción de hielo y fuego) existen otros errores, usos impropios o barbarismos, oraciones mal puntuadas, etcétera que deberían pulirse:

El hombre que no era el posadero asó tres enormes chuletones de caballo y frio las cebollas en manteca de cerdo, lo que estuvo a punto de compensar las tortas duras de avena.

Tormenta de espadas. George R. R. Martin. Gigamesh. Barcelona. Página 168.

Aquí se necesita una coma especificativa, porque si no se introduce una explicativa, lo que no tiene mucho sentido pues sólo hay un hombre. Sin comas significa que, de entre todos los hombres, únicamente el que no era posadero asó tres

El hombre, que no era el posadero [lo han matado y él ha llegado a la posada a servir], asó tres enormes […]. Para quien albergue dudas, frió, según la nueva gramática de la RAE, se escribe frio (para ellos supone diptongo en monosílabo, como en guion. Los demás vemos y decimos fri-ó y gui-ón, pero eso es otro capítulo en los insondables caminos del idioma).

—«De la montaña, el último gigante… ¡Y el mundo gobernaban antes que llegara!» —vociferó hacia atrás a través de la nieve.

Tormenta de espadas. George R. R. Martin. Gigamesh. Barcelona. Página 230.

«[…] antes de que llegara!» es lo correcto.

«Pero ¿por qué? —se preguntó Sansa cuando se quedó a solas. Aquello la intranquilizaba—. Seguro que este vestido es cosa de Margaery o de su abuela».

Tormenta de espadas. George R. R. Martin. Gigamesh. Barcelona. Página 240 [la negrita es mía].

Será por opciones: preocupar, alarmar, desasosegar, inquietar, agitar, angustiar…

En cambio, no conseguía visualizar durante mucho rato seguido a Willas; en su imaginación, enseguida se transformaba en ser Loras, tan joven, tan gallardo, tan apuesto.

Tormenta de espadas. George R. R. Martin. Gigamesh. Barcelona. Página 244 [la negrita es mía].

En este caso concreto (formar en la mente una imagen visual de un concepto abstracto), Sansa no conseguía ver, imaginar, mantener la imagen de Willas durante mucho rato seguido…

Dicho esto, y sin querer hacer sangre (no más que George R. R. Martin), os dejo con algunas pinceladas de algunos personajes de esta maravillosa novela:

—Desde luego, el muy miserable está bien muerto. […] Un enemigo muerto es una alegría eterna.

Tormenta de espadas. George R. R. Martin. Gigamesh. Barcelona. Página 84. [Tyrion ante su padre, Tywin Lannister].

—[…] Y vosotras, quedaos sentadas, ¿es que os lo tengo que decir todo? Sansa va a pensar que mi nieta está atendida por un rebaño de borregas.

Tormenta de espadas. George R. R. Martin. Gigamesh. Barcelona. Página 103. [Lady Olenna, la Reina de las Espinas].

—Es demasiado tarde para cambiar el pasado —dijo Catelyn—, demasiado tarde para rescatar a nadie. Ya solo nos queda la venganza.

Tormenta de espadas. George R. R. Martin. Gigamesh. Barcelona. Página 219.

Ahora, dicen, estamos enlazados como mucho a una distancia de siete niveles, me gustaría llegar a cualquier escritor o editorial que necesite una lectura profesional o corrector de textos. Ya sabes, si acabas de leer esta entrada, te ha gustado y quieres ser mi primer nivel de transmisión, por favor, da un salto. Quizá en breve haya llegado hasta alguien a quien le pueda ser útil.

Ponga un corrector en su vida, sus textos se lo agradecerán.

Ponga un corrector en sus textos, su vida se lo agradecerá.

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