A mejorar se ha dicho

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Hemos llegado ya a la mitad de la competición y parece éste un buen momento para hacer un pequeño balance de la evolución que a experimentado nuestro equipo en general y nuestras hijas en particular. Para ello, hemos conversado de nuevo con Nacho, el primer entrenador del Valencia Féminas F8 B. El planteamiento de la entrevista es completamente distinto. Si en la primera quisimos saber las primeras impresiones del cuerpo técnico y de las virtudes ―grosso modo― de nuestro equipo, ahora queremos conocer un poco mejor cómo está funcionando el reloj interior del equipo y qué qué partes de cada una de sus piezas necesita engrasarse un poco más. Claro, no queremos caer en la complacencia. Si lo hiciéramos, no abriríamos el peaje al necesario camino hacia el progreso. Sí, peaje, pues hay que pagar un pequeño precio para jugar mejor: trabajar, correr, entrenarse bien y mucha dosis de disciplina (por cierto, pagar o no pagar un precio por conseguir o no conseguir las cosas no tiene nada que ver con una actitud negativa o puramente competitiva. Me gustaría apuntar aquí algo que de niño no sabía: si alguien no quiere mejorar en algún campo ―se abre un paréntesis extensible a cualquier materia, disciplina, etcétera― también paga su precio: el de no conseguir las cosas que le gustan, el de no ser quien quiere uno ser, y el de ampliar sus límites y carencias. Lo dicho, no tiene nada que ver con la competitividad mal entendida, si no con perseguir sueños, jugar, divertirse, ser quien uno quiere ser y no como los demás quieren que uno sea).

No sé si me he explicado bien, aunque espero que, con la ayuda de Nacho, podamos extraer unas conclusiones positivas a todo lo que ha venido sucediendo en nuestro equipo desde el inicio de la temporada.

―Nacho, respecto a los planteamientos iniciales del equipo, ¿ha habido algún cambio? ¿Nuestras hijas lo han hecho mejor incluso de lo que ellas mismas esperaban?

―Bueno, nosotros trabajamos para eso, para que ellas mejoren. Inesperado… tampoco. Esperamos que mejoren y estamos contentos con ellas y con su evolución.

―En tu trabajo como entrenador, ¿de qué te sientes más orgulloso?

―Eso igual habría que preguntárselo a ellas. No lo sé. Si me puedo sentir entre comillas orgulloso de algo es de transmitirles valores, respeto por el rival, respeto entre ellas. Y sobre todo, esfuerzo en los partidos y en los entrenamientos. Aunque no sé qué es lo que verán ellas para que yo me pueda sentir orgulloso…

―Pero, en realidad, ¿qué es lo que a ti, personalmente, te hace sentir más orgulloso de tu labor?

―De dar lo máximo y de tratar de buscar lo mejor para ellas.

―Hasta el momento, ¿cuál es la valoración de la evolución del equipo?

―Bien, bastante positiva. Se han ganado partidos, se han perdido otros; pero, bueno, la verdad es que hemos ganado partidos muy disputados. Los que hemos perdido hemos dado la cara. Y el equipo ha competido bien.

―Por ejemplo, en la derrota contra el Plaza de Argel, ¿qué les ha podido faltar? ¿Quizá la diferencia de edad? ¿El punto de velocidad?

―No lo sé realmente. Aunque sí que es verdad que ellas tenían un equipo muy físico y que casi todos los balones divididos eran suyos. Individualmente, sí que es verdad que eran un poquito más fuertes, pero… no lo sé. El físico es un condicionante, la verdad. Es muy importante.

―Estoy de acuerdo, pero me quiero centrar más que en lo que hablamos en la primera entrevista, sus facetas positivas, que más o menos se mantienen, en otros aspectos. No me gustaría que se quedaran instaladas en la complacencia, que sean acríticas. Pues, para mejorar, hay que reconocer qué se debe trabajar más y mejor. Ese punto que falta.

―Te entiendo… Lo del físico no es excusa, aunque sí que es verdad que eso se nota. Por ejemplo, cuando nos superan en físico falta llegada. Normalmente tenemos bastante llegada al área rival, y cuando son más fuertes no llegamos casi. Ni siquiera tiramos a puerta. El Plaza de Argel es un equipo contundente y enseguida despejaban el balón con contundencia. Y cuando nos aproximábamos a su área, rápidamente nos volvían a meter el balón en la nuestra.

―Por ejemplo, y sobre el partido que se perdió contra el Valencia A, en el cual durante la primera parte se aguantó muy bien… ¿Qué se puede aprender de esa derrota?

―De ese partido, lo que dices tú, la primera parte estuvimos muy bien y en la segunda nos metieron un gol pronto y nos vinimos abajo. Eso ya nos había pasado alguna vez, por ejemplo contra el Villarreal, que nos ocurrió algo parecido. Y el primer partido de pretemporada contra el A, durante la primera parte se aguantó muy bien y en la segunda nos metieron un gol y enseguida entraron dos casi seguidos. A partir de ahí es lo que intentamos trabajar. Que si nos cuelan un gol, no ocurre nada, hay que seguir.

―Después de tantos entrenamientos, ¿qué es lo que mejor están trabajando ellas? ¿A qué le están sacando mayor provecho?

―Últimamente le estamos dando un poquito más de importancia al trabajo y al juego aéreo, a que dominen la pierna no dominante. En eso nos estamos centrando un poco más. A que presionen cada vez que pierden el balón. A los contraataques. Y también a que tengan mayor control del balón, más posesión de juego. Donde más están evolucionando, quizá porque es donde más incidimos y más cojeábamos, es en el juego de cabeza, cada vez van a más; y en la utilización de la pierna no dominante. En su caso, darle con la izquierda… Prácticamente casi todas golpean bien con la izquierda, cuando antes ni siquiera golpeaban.

―¿Cuál es el índice de zurdas en el equipo?

―Ninguna. No tenemos zurdas.

―¿Cómo están trabajando esa banda? ¿Se sienten incómodas las que están ahí o lo tienen más o menos asimilado?

―Siempre es un poco más difícil para una diestra jugar en la banda izquierda, pero creo que ya están habituadas, porque las zurdas escasean y…

―Bueno, por otro lado encaran siempre hacia el centro, hacia portería…

―Sí, otra de las cosas que trabajamos es que intenten salir por la banda, y si puede ser al primer toque, mejor que sin controlarla. Para evitar eso, para evitar que se orienten hacia el centro y sólo jueguen con la central, otra vez con la portera o que pierdan el balón ahí. La verdad es que lo están haciendo bastante bien. Cada vez juegan más… Por ejemplo, Gabriela o Marta, que suelen jugar ahí, ya juegan muchas veces de primeras hacia la banda, hacia el extremo.

―¿Cómo estáis trabajando la presión del rival en los saques, que parece que por ahí atraviesan por dificultades?

―Sí, en estas categorías ese aspecto es muy difícil, porque los equipos rivales saben que las porteras no llegan, no tienen desplazamientos largos, y te van a apretar ahí. Cuando el equipo rival te aprieta arriba y no tienes golpeo largo, es mucho más complicado. Lo que intentamos es…

―Estáis trabajando una jugada con Sara, ¿no?

―Sí, la de sacar el balón con central y si ésta no puede jugar con su lateral, buscar directo a la delantera o la espalda de la lateral contraria. Ésa es una jugada que no siempre sale, pero sí que está trabajada. Aparte, la jugada normal es sacar hacia la lateral y ésta, si puede, de primeras jugar con la extremo. Tenemos esa variante y la de Sara.

―He visto que las dos porteras han mejorado mucho el juego de pie, porque ambas ofrecen más apoyos, y eso también puede ayudar al saque.

―Sí, por supuesto. Las porteras han mejorado, pero también han de mejorar bastante. Sobre todo los saques de recuperación. Sacar bien para salir a la contra rápido. Que los saques de volea, por ejemplo, sean más fiables, que no se marchen fuera, sino que vayan al sitio, a la compañera que disponga de ventaja. Y luego, también, durante las cesiones, deben intentar levantar la cabeza y saber, antes de recibir el balón, qué van a hacer. Porque muchas veces…

―¿Pensar antes, no?

―Sí, pensar antes, porque controlan y una vez lo han hecho entonces levantan la cabeza y piensan.

―¿Lo hacen al revés?

―Lo hacen al revés. Y eso beneficia a la presión del rival.

―¿Hay que trabajarlo más?

―Sí, pero, bueno, es muy complicado. Y se nota.

―¿La presión es la parte más difícil? Cuando no puede pensar un jugador, porque no tiene tiempo de reacción, ¿es lo más complicado del fútbol?

―Exacto.

―Ahora, ya, una por una, qué aspectos podrían trabajar para realmente aportar un poquito más al equipo… Como te he dicho antes, no buscamos una crítica feroz y despiadada, sino más bien al contrario, que ellas mismas se den cuenta de qué pueden hacer, cómo pueden trabajar mejor y en qué se tienen que fijar más. Por ejemplo, Lucía, y seguimos el orden de los dorsales.

Lucía, por ejemplo, debe trabajar los saques de portería. Esperarse un poquitín. Un poco más de calma cuando saca si la defensa no está colocada. Porque muchas veces, por ejemplo, se abren para jugar en corto; pero si no se puede jugar en corto, tampoco tiene por qué sacar rápido. Se espera, la defensa se coloca, se ordena, y entonces se busca un saque directo. Éste es un aspecto que puede mejorar. Por lo demás, la verdad es que está muy bien. Es muy segura con los pies, bajo palos muy ágil. También podría mejorar, como Leire, las salidas: juego aéreo en área pequeña. Por arriba tienen que mejorar, porque esa área es de las porteras. Es suya. Ahí tienen que ser fuertes.

―Seguimos con…

Gabriela ha mejorado mucho lo que hemos comentado antes, salir, aunque es diestra, por la izquierda, con el primer pase hacia arriba. Eso aún tiene que mejorarlo un pelín más. También su pierna izquierda, aunque la está trabajando bien; y en las disputas de una contra una, debe ser un pelín más fuerte. Quizá tenga un poco de miedo, por su estatura, pero es intensa y puede hacerlo.

―Ahora…

―A Sara le pediría un poco más de tranquilidad. Porque ella, físicamente, es muy fuerte y podría tener más serenidad con el balón, para salir con él controlado. Y jugar desde atrás.

―¿Infundir calma?

―Lo hace, pero le pediría un poco más de seguridad. A veces tiene pases muy complicados que los puede mejorar o hacerlos más fáciles. Como hemos dicho antes, si piensa antes y no cuando ya tiene el balón encima, entonces todo parece más fácil.

―La siguiente…

Alba, por ejemplo, también podría darle un poco más de pausa a la hora de hacer el control y ejecutar el pase. Porque se precipita muchas veces. Llega muy intensa, a muchas revoluciones y, a veces, si tuviese un pelín más de calma, muchos balones que podría controlarlos, en lugar de jugarlos a la primera o buscar el despeje, podría bajarlos, subir la cabeza y pensar. Eso nos daría más oxígeno. Más salida de balón limpia, con el balón controlado.

―Turno para…

―Empar tiene que ayudar un poco más en la defensa. En funciones de ataque se mueve muy bien, con las dos piernas, tiene llegada, tiene gol; pero atrás le falta un pelín (que también lo está mejorando)… ayudar un poco más a su lateral y recuperar más balones.

―¿Carla?

Carla también debe mejorar su juego aéreo, que es lo que, sobre todo, ahora estamos machacando… Juego aéreo, saque de puerta del equipo rival… que de medio campo no pase el balón. Y, sobre todo, con la cabeza, porque casi todas tienen miedo a darle de cabeza y tratan de jugar con el pie balones que les viene a la altura del hombro, y eso imposible o muy complicado de despejar. Entonces, con la cabeza, que jueguen hacia adelante.

―Siguiente…

―De Lledó, un poco más de incorporación… Ella es muy inteligente y siempre sabe dónde tiene que estar, pero le falta un poco más, cuando llega arriba, de confianza en sí misma. Creérselo y…

―¿Dar un paso más?

―Sí, dar un paso adelante. Y cuando está ahí sacar algo más: algún regate, algún centro, algún disparo a puerta. En ese aspecto puede mejorar.

―¿Zaira?

―Bueno, Zaira ha mejorado mucho también. Quizá le falte un pelín más de trabajo defensivo: ayudar más al medio, bascular, ayudar a los extremos. Sobre todo el trabajo defensivo.

―¿Ahora?

―Marta debería decidir un poco antes. Ella sabe muy bien lo que ha de hacer, dónde no tiene que perder un balón, qué es lo que debe hacer para que el equipo no lo acuse mucho, pero le falta pensarlo más rápido. Luego ella resuelve. Aunque haya pensado tarde y se diga «Uy, ahora tendría que haber hecho este pase aquí, a la derecha, pero ya no puedo, porque llego tarde», se desenvuelve, hace otra cosa, y suele salirle bien. Pero si puede lograr la mejor opción a la primera, mejor que luego tener que enmendar.

―¿María?

―A María le sucede más o menos como a Zaira, más trabajo defensivo y moverse un poquito mejor en los desmarques.

―¿Más movilidad?

―Un poquito de movilidad. Bueno, no más movilidad, sino encontrar el momento, el timing, el momento oportuno para hacer un desmarque.

―¿O para abrirle un hueco a una compañera?

―Sí, abrir huecos, arrastrar a otras defensas para que haya espacio para las demás. Y tirar el movimiento cuando es peligroso. No correr por correr o desmarcarse por desmarcarse, sino cuando la jugada puede conllevar peligro y le pueden dar el balón con facilidad.

―¿Blanca?

―A Blanca le falta un poco de intensidad en el juego aéreo, en las disputas meter un poco más el cuerpo, más el pie. Así irán para arriba, seguro.

―¿Falta alguna más?

―No, ya están todas.

―¿Leire?

―Lo mismo que a Lucía, el área pequeña tiene que ser suya. Tiene que mejorar mucho con los pies porque le cuesta mucho… Recibe el balón, levanta la cabeza y empieza a pensar. Cuando tiene que levantar la cabeza antes de recibir el balón y cuando lo recibe ya sabe qué debe hacer y ejecutarlo más rápido. Y poco a poco, conforme vaya ganando fuerza, con certeza también se sentirá más segura.

―Nacho, al principio de la temporada nos comentaste que preferías jugar una liga un poco más exigente, para que las crías aprendieran más. ¿Están respondiendo bien? ¿Les está resultando favorable es punto más de exigencia?

―Creo que sí, porque a lo mejor hay indicaciones, por ejemplo, que nosotros les damos durante los entrenamientos a las que ellas no atienden porque no le ven la necesidad. Pero cuando vienen a jugar a esta liga, basta con que nosotros insistamos en algo y que luego en los partidos vean ese apuro, y que si no hacen las cosas como se les ha dicho es difícil que salgan de los apuros; claro, eso nos ayuda en nuestra labor. Creo que sí, que les está viniendo muy bien. Sobre todo para la intensidad.

―Más allá del resultado. Porque, pese a que se han ganado partidos y se han perdido otros, las chiquillas están respondiendo muy bien.

―Sí.

―Y personalmente estoy muy contento, pues las veo crecer a todas como jugadoras.

―El equipo está siendo muy competitivo. Siempre. En todos los partidos. Y el hecho de que los partidos estén disputados, que los que ganes lo hagas por poco y los que pierdas igual, y luchando…

―Y en muchos casos se nota que luchan aunque se agoten físicamente.

―Sí, son partidos muy disputados. Y eso a ellas les beneficia. Están siempre en tensión, siempre con la máxima exigencia. Eso es lo que hace que luego ellas se acostumbren a ese punto…

―¿De trabajo?

―De exigencia, diría yo.

―Y ahora, las preguntas de tus pupilas… ¿te gustaría cambiar de corte de pelo?

―Por qué no… Hasta que me quede sin pelo… Mientras pueda ir probando cosas…

―¿Has tenido alguna novia antes?

―Sí.

―¿Por qué elegiste ser entrenador?

―Porque siempre me ha gustado el fútbol y forma parte de mí. Además, pensé que como jugador ya no tenía opciones, como entrenador podía continuar en este mundo.

―¿Qué te transmite este trabajo?

―Todo. Me lo transmite todo, estar ahí, luchando constantemente y disfrutando del fútbol.

―¿Qué preferirías, entrenar al Valencia o a otro equipo?

―Al Valencia, por supuesto.

―¿Qué te gustan más los furbys o los farbys?

―Los furbys, porque los farbys son chinos.

Zaira atenta, sentada dos o tres asientos atrás, ríe. Y Nacho matiza…

―Es que me lo acaban de chivar antes.

―¿Crees que eres duro en los entrenamientos?

―Bueeeno… Sí, siempre se les pide lo máximo. También pensando en la edad que tienen y lo que pueden dar de ellas. Sí, pero somos exigentes.

―¿Te gusta el comportamiento de tus jugadoras?

―Sí. La verdad es que se portan muy bien. A veces son un poquito cotorras, pero se portan bien.

―¿Te gustan tus compañeros de entrenamiento?

―Sí.

―¿Y te gusta la colonia que te regaló Papá Noel?

―Sí, es muy buena. Huele muy bien.

―Ahora ya, sí que sí hemos terminado.

Entrevista efectuada en el autobús del Valencia durante el viaje de regreso al partido que nos enfrentó contra el Sporting Plaza de Argel de Alicante.

Para ampliar sobre sueños, esfuerzos, precios y otras opiniones, se puede leer aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí.

La última lección. Capítulo 7. Páginas 49 a 53. Extractos:

Me encanta el fútbol […]. Empecé a jugar a los nueve años y nunca lo he abandonado. Me ha ayudado a convertirme en la persona que soy. Y aunque no entré en la Liga Nacional […], a veces creo que saqué más de perseguir ese sueño y no alcanzarlo de lo que obtuve de otros muchos que sí se hicieron realidad.
Mi amor por el fútbol empezó cuando mi padre me arrastró, entre gritos y pataletas, a inscribirme en un equipo. Yo no quería. Era de natural debilucho y el más canijo de todos con diferencia. El miedo se convirtió en sobrecogimiento cuando conocí a Jim Graham, el entrenador, una mole descomunal de metro noventa y dos.
[…] En el primer entrenamiento estábamos todos muertos de miedo. Además, el hombre no había traído ninguna pelota. Al final un niño habló en nombre de todos:
―Perdone, entrenador. No tenemos pelota.
―No la necesitamos –respondió el entrenador Graham.
Se hizo el silencio mientras pensábamos en lo que nos había dicho.
―¿Cuántos hombres hay en el campo de fútbol al mismo tiempo?
Once por cada equipo, contestamos. Es decir, veintidós.
―¿Y cuántos tocan la pelota en un momento dado?
Uno.
―¡Correcto! Pues nosotros trabajaremos lo que están haciendo los otro veintiuno.
Fundamentos. Ésa fue la gran enseñanza que nos regaló el entrenador Graham. Fundamentos, fundamentos, fundamentos. Como profesor universitario, he comprobado que es una lección que muchos jóvenes ignoran, siempre en su perjuicio: tienes que tener claros los fundamentos, porque si no el resto no funcionará.
El entrenador Graham me exigía muchísimo. Recuerdo un entrenamiento en particular. «Lo estás haciendo todo mal, Pausch. ¡Retrocede! ¡Repítelo otra vez!». Intenté hacer lo que me pedía. No bastó. «¡Me debes una, Pausch! Después del entrenamiento te quedarás a hacer flexiones».
Cuando por fin me dieron permiso para marcharme, uno de sus ayudante se acercó a consolarme.
―El entrenador Graham ha sido muy duro contigo, ¿verdad?
Apenas logré musitar un sí.
―Eso es bueno –me aseguró el ayudante―. Cuando la cagas y nadie te dice nada es porque te consideran un caso perdido.
Es una lección que he tenido presente toda la vida. Cuando ves que estás haciendo algo mal y nadie se molesta en decírtelo, tienes un problema. Tal vez no quieras escucharles, pero a menudo tus críticos son los que están diciendo que todavía te quieren, que se preocupan por ti y desean que mejores.
Hoy en día se habla mucho de fomentar la autoestima de los niños. No es algo que pueda dárseles, tienen que construírsela ellos mismos. El entrenador Graham no trabajaba el tema de los mimos. ¿Autoestima? El hombre sabía que sólo hay un modo de enseñarle a los niños a desarrollarla: les das algo que no saben hacer, trabajar duro hasta que aprenden a hacerlo y luego te limitas a repetir el mismo proceso.
Cuando el entrenador Graham se hizo cargo de mí, yo era un niño debilucho sin ninguna habilidad especial, fuerza ni preparación física. Pero me ayudó a comprender que si trabajaba suficientemente, con el tiempo sería capaz de hacer cosas que entonces me parecían imposibles.
[…] Recuerdo un partido en que nuestro propio equipo estaba jugando fatal. A la media parte, al correr por agua, casi volcamos el cubo. El entrenador estaba furioso. «¡Ostras! ¿Por qué no habéis corrido así en el partido?». Teníamos once años y nos quedamos petrificados, muertos de miedo. «¿Agua? ― bramó―. ¿Queréis agua, chicos?». Levantó el cubo y vertió el agua por el suelo.
Vimos cómo se alejaba y oímos musitarle a un asistente: «Puedes darle agua a la primera línea de defensa. Han jugado bien».
Seamos claros: el entrenador Graham jamás habría puesto en peligro a ningún niño. Una de las razones por las que trabajaba tanto la preparación física era porque sabía que reduce el riesgo de lesiones. Sin embargo, ese día hacía fresco, todos habíamos tenido acceso al agua durante la primera parte y lo de correr a por más respondía más al hecho de que éramos un puñado de chavales que a una necesidad real de hidratarnos.
Incluso así, si hoy día ocurriera un incidente similar, los padres de los equipos sacarían los teléfonos móviles para llamar al presidente de la liga o a un abogado.
Me entristece que haya tantos niños tan mimados. Recuerdo lo que sentí durante la bronca de aquel descanso. Sí, tenía sed. Pero sobre todo, me sentí humillado. Todos nosotros habíamos decepcionado al entrenador Graham y él nos lo hizo saber de un modo que jamás olvidaríamos. Tenía razón. Habíamos demostrado más energía junto al cubo de agua que en todo el maldito partido. Y su crítica surgió efecto. En la segunda parte, cuando regresamos al campo, lo dimos todo.
[…] Cuando apuntamos a nuestros hijos a practicar deporte ―rugby, fútbol, natación, da igual― la mayoría de nosotros no lo hace porque queramos que aprendan las complejidades del deporte.
Lo que de verdad queremos que aprendan es mucho más importante: el trabajo en equipo, la perseverancia, la deportividad, el valor de trabajar duro y la capacidad de enfrentarse a las adversidades. Esas enseñanzas indirectas son los que algunos llamamos regates.
Existen dos clases de regates. El primero es literal. En un campo de fútbol, el jugador mueve la cabeza a un lado para hacerte creer que va en esa dirección. Luego arranca en la contraria. Como el engaño de un mago. El entrenador Graham solía aconsejarnos que mirásemos la cintura del jugador. «Él va adonde vaya su barriga», nos decía.
La segunda clase de regate es la verdaderamente importante: enseña a la gente cosas que no se dan cuenta de que están aprendiendo hasta que ya están en pleno proceso de aprendizaje. Si eres un especialista de esta clase de regate, tu objetivo oculto es conseguir que aprendan algo que tú quieres que sepan […].

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