Leer entre personas

· Oxígeno, Pensamientos
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Hace tiempo que he aprendido a leer entre miedos y límites. Es lo mismo a leer entre líneas, sólo que las líneas son personas.

La mayoría de las veces, cuando hablamos —sobre todo a la gente que tenemos a nuestro alrededor— acerca de nuestros sueños más profundos o más internos (incluso los más banales), la gente nos contesta —con todo cariño, eso sí— de un modo parecido a éste:

—No vayas a la nieve, te caerás.

—¡Espérame! ¡No bajes tan deprisa, que te vas a matar!

—No te apuntes al maratón, es peligroso.

—Si quieres, llamo a la ambulancia para que te acompañe mientras haces el triatlón.

—No viajes a México, es peligroso, te puede pasar algo.

—No se pueden leer diez libros a la vez, seguro que te pierdes.

Independientemente de que se cumplan o no sus predicciones, todas estas respuestas parten de un miedo o de un límite (sea éste personal o cultural, que también los hay). Por ejemplo, nuestros interlocutores pueden haber pensado:

—No vayas a la nieve, te caerás. [Si yo fuese a la nieve —con la pericia que me caracteriza— me caería, me abriría la crisma].

—¡Espérame! ¡No bajes tan deprisa, que te vas a matar! [No me hagas bajar tan deprisa, que me voy a matar].

—No te apuntes al maratón, es peligroso. [Soy incapaz de enfrentarme a un maratón].

—Si quieres, llamo a la ambulancia para que te acompañe mientras haces el triatlón. [Si tuviese que ponerme en tus zapatillas, seguramente estaría al borde de la muerte].

—No viajes a México, es peligroso, te puede pasar algo. [Yo no iría por si me secuestran, por si se cae el avión durante el trayecto, por si me pierdo, por si…].

—Una persona como tú jamás conseguirá aprender eso. [Una persona como yo jamás conseguiría aprender eso].

—No se pueden leer diez libros a la vez, seguro que te pierdes. [No tengo la concentración, tiempo, espacio ni las ganas necesarias para llevar diez lecturas en danza. Me perdería seguro].

Cuando empecemos a escuchar de verdad, penetraremos en la verdadera naturaleza de los miedos y los límites. Qué pocas veces nos animan, y cuán diferente sería todo si se expresasen los mensajes desde un punto de vista más positivo:

—¡Qué buena noticia, te lo vas a pasar muy bien en la nieve! ¡Disfrutarás como un niño!

—¡Ánimo! Baja a tu ritmo, ¡qué pericia tienes!

 —¡Fantástico! ¡Será un gran reto, una meta que te hará crecer como persona!

—¡Lo vas a pasar de fábula! ¡Cuando termines te sentirás que si puedes hacer eso, puedes lograr lo que te plantees en tu vida!

—Viajar es cultura, es aprendizaje, es apertura. Fórmate, diviértete, crece. Viaja a México y empápate de su pueblo.

—¡Te ofrezco todo mi apoyo! ¡Cultivarse es maravilloso, seguro que disfrutas mucho en el proceso!

—¿Cómo lo has conseguido? ¿Puedes enseñarme a hacer lo mismo?

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