La naturaleza del odio

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Hoy no el odio no necesita demasiadas presentaciones. Sólo hay que asomar un poco el hocico, olerlo, y alejarse de él.

Sí, sentía odio. Y poco a poco yo también comencé a sentirlo. Un odio tan atroz progresa poco a poco. Odias a todos cuantos te rodean. y, lo que es peor, te odias a ti mismo. ¡No puedes ir a ninguna parte con ese odio! A ninguna parte. Te has convertido en puro odio. Y entonces agarras a alguien por el cuello, quienquiera que sea, y le haces sentir ese odio. Es así de simple. Así ocurre con el odio. Crece y crece igual que un alud.

Lobo Negro, un skin. Marie Hagemann. Alfaguara. Madrid, 1994. Página 55.

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