Un pequeño paso, un gran maratón

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El recuerdo, la medalla que acredita que completé la carrera.

El recuerdo, la medalla que acredita que completé la carrera.

Cómo fue la carrera 

Un maratón es algo que se tiene que querer hacer, que debe cobrar sentido para quien se lo plantea. Sin duda es un gran reto personal. Estoy hablando para terrestres, claro. Los extraterrestres que corren por dinero o porque tienen unas condiciones físicas privilegiadas, etcétera no tienen por qué planteárselo como un reto, porque el maratón no está en el extremo de sus propios límites personales. Tengo un amigo que dice que existe una gran diferencia entre los que pagan por correr y a los que les pagan por correr. Y tiene razón.

Aclarado esto, ¿cómo se gesta un maratón?

¿Qué sentido tiene para mí? 

La leyenda de Maratón la conozco desde niño. Mi padre me la había contado (un guerrero griego, Filípides, exhausto, anunció la victoria de los atenienses en las guerras Médicas y, acto seguido, extenuado por el cansancio, murió), la había leído en un libro de chico, la había soñado…. Y mi tío Salva la había corrido muchísimas veces. La leyenda (falsa o verdadera) en el cerebro de un niño se traduce en deseo.

Los años fueron pasando (y los kilos pesando) y aprendí a dormir esos sueños (como tantos otros). Hace poco más de año y medio, se reunieron varias circunstancias favorables en mi vida: la pequeña empresa que gestionaba estaba atravesando un momento terrible y, por ende, mi situación económica era bastante delicada; un gran amigo mío ―aficionado como yo al ajedrez― hacía un par de años había empezado a competir en triatlón; otro gran amigo ―con el que había vivido varios años― también era atleta, y lo había visto hacía tiempo yendo a un triatlón en Vinaroz; dos o tres meses atrás había sufrido un pequeño esguince en el tobillo (otro más), que yo achacaba a mi sobrepeso, a la falta de tono muscular y mi escasa agilidad; para acabar, varios padres del equipo de fútbol en el que jugaba mi hija empezaron a instigarme, en la cena de despedida de la temporada, para que hiciese con ellos el triatlón de Valencia (en la modalidad supersprint: 350 metros a nado; 10 kilómetros en bicicleta; 2,5 kilómetros a pie)que se celebraría a principios de septiembre, unas 10 semanas después. Me animé (me hacía mucha falta, más incluso desde el punto de vista interno que externo) y me puse a entrenar. Los primeros días, sobre todo a pie, fueron terribles. Mis pasos eran cortos, lentos, el pulso se disparaba y creía desfallecer cada día que salía a correr. También fueron durísimas mis primeras inmersiones. No conseguía terminar una calle a nado. Pero había hecho algo por mí, me había planteado un reto.

Como siempre, quise saber más sobre el triatlón (no me gusta hacer nada a ciegas), y me compré un libro maravilloso Plan de entrenamiento para triatlón (John Mora, Tutor, Madrid, 2007), con el que he aprendido muchísimo.

¿Por qué el deporte?

Desde que empecé a hacer deporte en junio de 2012 he aprendido muchísimo de mí (a través de mis lecturas y repasando mi experiencia atlética), de mi cuerpo, creo que más que cuando he leído libros de psicología. He aplicado lo que sabía a mi práctica deportiva, he aprendido a comprometerme conmigo mismo, la importancia de los horarios, a llevar un calendario de trabajo, a darme permisos, a disfrutar a través de mis éxitos, a saber confiar en mí.

Quiero aclarar que había hecho deporte (o ejercicio) hasta los 24 o 25 años (siempre de manera suave) hasta que lo fui abandonando hasta su mínima expresión. Kilos ha, no entiendo cómo pude haberme olvidado de lo divertido que es, por ejemplo, jugar al pimpón, a las palas en la playa, nadar, correr, jugar al balón, ir en bicicleta, jugar al tenis o al frontón…

¿Y por qué el triatlón?

Cuando me insistieron para que me inscribiese en el triatlón de Valencia, lo primero que hice al llegar a casa fue encender el ordenador para ver fotografías de triatletas. Me gustaron sus cuerpos. Una vez me había comprometido a hacer deporte, quería conseguir un cuerpo parecido al de los atletas que lo practican (con los años de ejercicio, al final tu cuerpo se modela de forma parecida al del resto de atletas de la disciplina). Puede parecer un asunto baladí, pero para mí era importante en ese momento. Como me había comprometido a hacer deporte, a eliminar toxinas, a subir mis niveles de energía, a empezar mi camino de transformación interior y exterior… quería que mi cuerpo empezase a semejarse antes al de esos atletas que al de los ciclistas, los nadadores o los corredores. Además, pensé, cada deporte de forma aislada puede resultar un tanto monótono, sin contar con otros inconvenientes. Correr puede ser muy traumático para las articulaciones (además de que casi no se trabaja el tren superior), la bicicleta se ve muy afectada por las condiciones de luz y el tiempo (el del reloj, el necesario para hacer algo de deporte; y el que dan en las noticias, a merced del viento, de la temperatura y de las lluvias…); y nadar en una misma calle durante meses y meses y meses y meses puede resultar poco estimulante. El triatlón, por fortuna, consigue eliminar los defectos de cada uno de los deportes de forma aislada y aumenta muy mucho sus bondades. Por ejemplo: nadar mejora la elasticidad general y hace trabajar de manera correcta el tren superior, además de que elimina el impacto (no hay golpeo articulatorio); correr puede ser muy entretenido entre amigos, te permite salir a la hora que quieras (incluso bien entrada la noche), además de que se puede practicar sobre superficies muy variadas; la bicicleta suele ser muy satisfactoria, produce un gran placer cuando se transita por parajes bonitos, y tampoco tiene impacto muscular (salvo que te caigas). Además, de todo lo expuesto y de que, como es obivo, las tres disciplinas hacen que trabajes más grupos musculares, el triatlón consigue que los entrenamientos (y las semanas) sean mucho más variados, entretenidos y estimulantes.

Por fin, el maratón

El maratón es una prueba larga, muy larga. Casi todo el mundo la puede hacer, pero, para ello, hace falta conseguir un par de ingredientes: constancia y compromiso (a partes iguales). Ah, y estar preparado para, mentalmente, manejar el cansancio.

El embrión de este maratón de Valencia que acabo de correr es el triatlón supersprint del año pasado. Poco a poco fui concibiendo cumplir mi sueño maratoniano, pero debía dar varios pasos intermedios. El primero fue seguir corriendo, aumentar las distancias (hasta que completé dos grandes fondos de 15 kilómetros). El segundo, ampliar mis retos en el triatlón (en mayo hice el semiolímpico de Pinedo y a principios de octubre el olímpico de Valencia). A principios de verano, pues, empecé a buscar planes de entrenamiento para maratón. Di con un libro maravilloso, una auténtica guía para todo el que quiera completar con éxito su primer maratón: Entrenamiento de maratón para principiantes (Whitsett, Dolgener y Mabon Kole, Paidotribo, Barcelona, 2009). No hace falta que lo reseñe aquí, basta con que diga que si haces todo lo que se te pide que hagas en el plan, terminas seguro (compromiso, constancia, locus de control interno), aunque la suma de kilómetros sea menor a la de muchos otros planes de entrenamiento.

Paso a paso, semana tras semana (durante las 16 del programa), salí a correr lo que se me pedía que corriese… Y llegó el 17 de noviembre de 2013.

El maratón, como dice mi tío, es una de las pruebas más traicioneras que existen: «Puedes estar meses preparándolo; te constipas la última semana y ya te puedes despedir».

En Valencia, este año, durante octubre y gran parte de noviembre ha estado haciendo el mismo tiempo que hacía hacia finales de septiembre, el del final del verano, más suave, sí, pero interminable. El miércoles, cuatro días antes de la prueba, empezó a virar el tiempo. ¡Terror! ¡Ya no voy a poder adaptarme! ¡Sólo me queda un día de trote!

Fui forrado al maratón, con idea de cambiarme a última hora para no pescar un constipado. Como yo, miles de personas. De hecho, durante la carrera pudimos ver muchos guantes, prendas de manga larga, bragas (de las que se ponen en el cuello; y no sé por qué reciben el mismo nombre las bragas del cuello y las del pubis), ¡y de marca!, tirados por el suelo.

Mi meta en este maratón estaba, precisamente, en la meta. No había tiempos, no había presiones. Sólo disfrutar y terminar. Además existía una premisa: Caminar me acercaba a la meta. Por fortuna, no necesité caminar en toda la prueba, pues no sufrí ningún accidente, tirón muscular o fallos en las rodillas. Dos meses antes del maratón, había empezado a muscular piernas como complemento al entrenamiento (algo que también hago para el triatlón), y fue realmente bien.

Uno corre según se entrena… Me había planteado completar la carrera a un ritmo cardíaco cómodo para mí, parecido al de los entrenamientos largos (los tres 25 miles y los dos 30 miles), entre 125 y 135 pulsos por minuto, porque el objetivo era terminar (y disfrutar). Eso hizo que llevase un ritmo medio lento (6 minutos y 12 segundos de media por kilómetro), aunque tuve momentos mucho peores, claro. Según mi pulsómetro, consumí 3323 calorías durante la carrera; y, según la báscula de casa, perdí cerca de 3 kilos, y casi todo fue líquido.

Empecé al carrera hacia el final del cajón de salida, y pasé por la línea de inicio 7 minutos y 37 segundos después que el primero (eso lo supe después). De modo que no sabía a qué ritmo real estaba corriendo (y me daba igual), aunque tenía algunas referencias (por ejemplo, los corredores aledaños, que iban informándose entre ellos; cuando pasé, en el kilómetro 10 aproximadamente, los testigos que indicaban que llegarían en 5 horas…).

Mis compañeros de maratón, kilómetro a kilómetro. No quería olvidarme de nadie, quería que todo el mundo me acompañase.

Mis compañeros de maratón, kilómetro a kilómetro. No quería olvidarme de nadie, quería que todo el mundo me acompañase.

Uno de los grandes consejos de Entrenamiento de maratón para principiantes es el de dedicarle un kilómetro a cada persona querida. Basta decir que me emocioné muchísimo (lloré por todos ellos) cuando les dediqué el kilómetro a mis hijos, a mi mujer, a mis padres, ¡a mi perro! (el bueno de Ártax, que me ha acompañado a lo largo de las 16 semanas durante todas las carreras)… Y en el kilómetro 42, el que me dediqué a mí mismo, lloré como un magdaleno. Como si de una carrera de relevos se tratase, cada persona me acompañaba durante un kilómetro, alentándome, acompañándome, empujándome hacia la meta… hasta que, por fin, después de más de 4 horas y 20 minutos, vi la pancarta de meta.

La carrera marchó bien, suficientemente cómoda, hasta el kilómetro 34, donde encontré mi muro particular (mi hermano Nacho se había elegido el 30, para ayudarme en el muro, pero a mí se me fue el pie unos pocos kilómetros). Del 34 al 39 aproximadamente lo pasé realmente mal, de ahí que mi peor parcial cronometrado fuese el del último 5 mil (del 35 al 40). Sobre el 31 adelanté al archiconocido Groucho, portador de la pancarta de llegada en 4 horas y media. Todo marchaba viento en popa, pero luego, después de atravesar mi crisis particular, éste me volvió a pasar poco después del 37. Ahí empecé a sufrir más. Sobre todo desde el punto de vista psicológico. Ya no podía correr más rápido, y, aunque quedaba poco para acabar, veía que estaba perdiendo gas. Hacia el 39, me había recuperado un poco y empecé a acelerar hasta la llegada. Me dolía todo, pero iba tan bien de ritmo cardíaco (había bajado de 125) que me exigí a cada paso más y más («Si mi corazón me permite correr más rápido, y siento dolor igual, voy a correr más rápido»). Mi mejor kilómetro fue el 41, pero no aguanté el ritmo en el 42 y en la recta final volví a sufrir para adelantar a Groucho.

Qué fue lo más duro

A partir del kilómetro 31, porque empecé a ver a muchas personas andando. Por estadística, pensé, no eran todos primerizos. Poco antes del 34, las personas paradas, estirando o caminando era tal que empecé a asustarme un poco («¿Cuándo me va a tocar a mí?»), además, había gente que corría con una zancada bastante inestable o difícil, lo que no auguraba un buen final para ninguno de ellos. Con todo, seguí corriendo y no tuve problemas musculares reales. Animé a todo aquél que se encontraba parado… Les daba pequeños toques en la espalda, para que supieran que no estaban solos, que sabíamos todos por lo que estaban pasando.

Cuál fue el kilómetro más cómodo

Por fin, sobre el kilómetro 24 y pico, vi a Javier Suay, que había venido a correr el 10 K paralelo al maratón. Lo llamé y se puso a correr a mi lado durante un kilómetro, un kilómetro que sentí hacer en volandas.

Lo que la gente quizá no sepa es que gracias a todos los que vienen a vernos y a animarnos, a todos los niños que sacan sus manos entre el público para que se las choquemos, gracias, pues, a todos los que nos apoyan y animan, el maratón se hace más liviano y divertido, y cobra mucho más sentido para nosotros.

Zapatillas, camiseta y dorsal. Todo llegó a meta.

Zapatillas, camiseta y dorsal. Todo llegó a meta.

Lo mejor de la carrera

Aparte de terminarla, que es el algo grandísimo, algo que uno va a llevar consigo toda la vida (algo por lo que bien merece la pena correr al menos uno), cuando llegué a meta hice mi particular grito de guerra, el «Ajú, ajú, ajú» de 300 con el que cierro todos mis entrenamientos, y otro corredor me abrazó («Qué grande eres, tío»).

Además, en meta me estaban esperando mi mujer y Vicente, un gran amigo que se ha trabajado muchos entrenamientos durante más de dos meses.

Aún no lo he dicho, pero no, en ningún momento me planteé «Qué hago aquí» ni me pregunté «Quién me habrá mandado a mí hacer esto». De hecho, cuando me di cuenta de que para mí toda la carrera tenía sentido, ya estaba en casa. ¡Había salido a disfrutar y no había asomado ni la menor sombra de duda!

Después de la carrera

Nada más acabar, como casi todos los corredores que me rodeaban, me puse a estirar. Estaba cansado, obviamente, y feliz. Luego, en casa, vuelta a estirar. Durante los dos primeros días tenía sed a cada segundo, necesitaba beber y beber y beber agua.

Durante las primeras horas de la tarde, luego de estirar por segunda vez empecé a sentir unos leves escalofríos. Me tumbé y me tomé la temperatura: 37º, nada preocupante, aunque me descansé durante dos horas, hasta restablecerme.

Otro gran consejo después del maratón es estirar dos o tres veces al día los días posteriores a la carrera.

Qué supone terminar

Todavía estoy asimilando el maratón. La grandeza de esta carrera, lo que enseña, lo grande que es acabarla. Nadie que no la haya completado puede saber lo que se amplían los límites personales, lo duro que resulta (tanto el entrenamiento como el maratón en sí mismo). Y, por otro lado, lo fácil que resulta si se hace con cabeza y previsión.

Terminar en un maratón no te hace invencible, pero le insufla un balón de oxígeno a tu autoestima. «Si puedes con un maratón, puedes con todo». Ya no hay sueño chico que no puedas perseguir.

Mis tiempos

Tiempo de paso oficial: 4 h 28’ 53”
Tiempo real: 4 h 21’ 16”
Velocidad media: 6’ 12” por kilómetro, 9,69 km/h
Parciales
5000 metros
Tiempo de paso oficial: 39’ 10”
Parcial (5 kilómetros): 31’ 33”
Velocidad media: 6’ 19” por kilómetro, 9,51 km/h
10000 metros
Tiempo de paso oficial: 1 h 10’ 09”
Parcial (5 kilómetros): 30’ 59”
Velocidad media: 6’ 12” por kilómetro, 9,68 km/h
15000 metros:
Tiempo de paso oficial: 1 h 40’ 35”
Parcial (5 kilómetros): 30’ 26”
Velocidad media: 6’ 05” por kilómetro, 9,86 km/h
Medio maratón:
Tiempo de paso oficial: 2 h 17’ 08”
Parcial (6 kilómetros 97 metros): 36’ 33”
Velocidad media: 6’ 00” por kilómetro, 10,01 km/h
25000 metros:
Tiempo de paso oficial: 2 h 40’ 38”
Parcial (3 kilómetros 903 metros): 23’ 30”
Velocidad media: 6’ 01” por kilómetro, 9,97 km/h
35000 metros
Tiempo de paso oficial: 3 h 42’ 48”
Parcial (10 kilómetros): 1 h 02’ 10”
Velocidad media: 6’ 13” por kilómetro, 9,65 km/h
40000 metros
Tiempo de paso oficial: 4 h 15’ 57”
Parcial (5 kilómetros): 33’ 09”
Velocidad media: 6’ 38” por kilómetro, 9,05 km/h
42195 metros:
Tiempo de paso oficial: 4 h 28’ 53”
Parcial (2 kilómetros 195 metros): 12’ 56”
Velocidad media: 5’ 54” por kilómetro, 10,18 km/h
Clasificación:
General: 8300
Categoría Veterano Masculino A: 1942
General masculino: 7812
General español: 6619
Año de nacimiento (1976): 365
Evolución:
5000 m: 9348
10000 m: 9318
15000 m: 9247
21097 m: 9140
25000 m: 9056
35000 m: 8641
40000 m: 8522
42195 m: 8300

Sobre la organización

Me gustaría hacer algunas críticas constructivas sobre la organización de esta prueba. Casi todo fue perfecto, pero, como siempre, hay aspectos que se pueden mejorar.

Por un lado, el asunto de las bebidas, las vituallas, las basuras… Una carrera tan exigente requiere de una hidratación más que notable. Por ejemplo, yo perdí casi tres kilogramos de líquidos durante la carrera, y eso que llevaba mis propios «mejunjes isotónicos» por si no había suficiente para todos. A partir del primer litro y medio bebido, tuve que tirar de organización. Cada cinco kilómetros había un puesto de agua, isotónica, geles y alimentos, correcto, pero no creo que el formato «vaso de plástico» sea lo más apropiado para la correcta rehidratación de los atletas. El desgaste es increíble y en mi plan entraba ir recargando mi bidón con isotónica y tirar el botellín que nos diesen. Después de la primera sorpresa en el kilómetro 10 (recibir un vaso de plástico a medio llenar para verterlo en mi bidón), tuve que modificar mi estrategia de hidratación (recoger dos vasos de isotónica en dos mesas diferentes y proceder con rapidez a la hora de rellenar mi bidón, eso en carrera, por supuesto, porque no quería parar). Imagínense cómo acabaron todos aquellos que son menos conscientes de que hay que estar hidratándose continuamente durante la carrera. Directamente del vaso, si te bebes la isotónica en un par de tragos largos, puedes sentirte con el estómago pesado o experimentar flato. Con las botellas de agua uno puede dosificarse mejor, pero, ciertamente, es mucho más cómodo beber de un botellín que de una botella, porque se bebe menos cantidad y se pueden dar muchos más tragos cortos a lo largo de los kilómetros. De aquí se deriva el problema de la gestión de las basuras. Muchos corredores empiezan a hidratarse y a comer como buenamente pueden y terminan tirando los residuos directamente al suelo (algo que no sólo acarrea problemas de limpieza, sino que puede causar caídas, traspiés, etcétera), porque ya se han pasado los contenedores que se han colocado a tal efecto. Como es obvio, durante la carrera escuché varias quejas de los voluntarios porque estaba todo sucio. Y con razón. Pero también hay que tener en cuenta las circunstancias de la carrera. La gente va, en muchos momentos, muy centrada en sus marcas, en sus fuerzas, en no perder coba. Muchas veces empiezan a rehidratarse y cuando han conseguido beber no tienen una basura «a tiro», de modo que va todo al suelo (incluso las cáscaras de los plátanos).

Por supuesto, a mí me enseñaron que no se debe tirar nada al suelo (un gran consejo y una gran costumbre, por cierto, si queremos ciudades limpias), y tuve que ir buscando basuras durante todo el recorrido (bebo y me alimento despacio y con constancia, sobre todo en carrera, tanto cuando me entreno como en competición), y me tocó desviarme varias veces para poder eliminar los envases que iba consumiendo durante la marcha.

Por otro, las cabinas de aseos: insuficientes, como siempre en las citas multitudinarias, con lo que se consiguió que hubiese mucho ácido úrico disperso.

Y para acabar (con lo que probablemente sea lo más grave de todo): mucha gente se quedó sin medallas. Sobre todo los que llegaron al final, los que necesitamos más esa motivación extra, más ese sentimiento de haber logrado algo grande, de haber conseguido una gran meta de superación personal. No es leyenda urbana, porque me llamó un amigo que entró después que yo y me dijo que no le habían entregado su medalla. Horas después, la organización anunciaba por varios canales (me enteré por Facebook) que iba a enviar a todos aquellos que se quedaron sin medallas su condecoración grabada con su nombre y su tiempo de llegada. Es algo que todavía no entendemos (a él le dijeron que las medallas se habían fabricado en África y que, posiblemente, se hubiese extraviado una caja): a tantos inscritos, tantas medallas.

5 comentarios

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    • yagogallach

      Jeremías:
      Cuando pasamos cerca de vuestra casa, me acordé mucho de vosotros. Estuve buscándoos entre el público, para ver si estabais. En ese momento estaba sufriendo bastante.

  1. dorren

    Me superencanta la foto de la notita escrita a mano con los nombres de las personas. Qué letra tan bonita, firme y clara. Es inspirador. Escribir a mano es una tarea que descuidamos bastante. Parece que sólo le ponemos arte cuando tenemos que entregar un examen o rellenar algún formulario.

    • yagogallach

      Muchas gracias, amigo Dorren, todos los días escribo y trato de cuidar mi letra. Por fortuna, los seres humanos todavía no somos sólo ceros y unos.

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