Aviso para periodistas

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Siempre he sido un ser superdeslizante, oceánico, difuso, disperso, ubicuo (u otros epítetos que atesoro desde que soy niño). Por eso, tal vez, no sea nada. O, por eso, tal vez, me guste (y me estimule) tanto la variedad.

Muchas veces me han preguntado si soy periodista (no sé si esa profesión reúne a las personas curiosas, de intereses varios y de inteligencia dispersa… ah, y autodidacta), y nunca me había preguntado la razón. No, no soy periodista; aunque he tenido que ejercer como tal (sin usurpar, que conste) por necesidad (necesidades, más bien) en alguna que otra ocasión. Es más, algunos profesionales del gremio me tutean y me respetan como tal (incomprensiblemente…), a sabiendas de que no he estudiado esa carrera y que no conozco las entretelas del medio.

No obstante lo dicho, uno de mis talentos más notables es mi gran capacidad para complicarme la existencia ampliando mis horizontes (o empañándolos).

Me explicaré: hace años que vengo barruntando mi Teoría de los estudiantes.

En ella, podemos crear tres grandes grupos (más bien dos grandes y otro diminuto). El primero de ellos, el primero de los grandeses el de los podadores. Sus virtudes principales son el esquema, la escritura telegráfica (todo escrito con siglas, y signos, y sin determinantes, artículos, preposiciones y otros nexos lingüísticos), el resumen del resumen del resumen. Es decir, son los que dejan todo el árbol del conocimiento sin rama ni hojas (se aprenden lo básico, lo principal y lo justo).

El segundo grupo lo componen los remolques. Siempre se suben al carro y hacen lo que pueden. No me extenderé demasiado aquí porque todos hemos hecho remolque en alguna u otra asignatura o etapa de nuestra vida.

Y el tercero (en el que me reconozco y me incluyo) es el de los lianeros (valga el neologismo). Nuestra virtud más sobresaliente es la de ir, con lianas, de un árbol del conocimiento a otro. Leernos un capítulo dos veces, verificar la sección de lecturas recomendadas, ir a la biblioteca, repasar esa literatura, leer las recomendaciones de los autores de las lecturas recomendadas, buscar algún documental u otro punto de vista sobre lo que se está estudiando, etcétera. Es decir, nuestra virtud más adictiva es la extensión, perder nuestro tiempo constantemente tratando de unir árboles del conocimiento, o, sencillamente, irnos por las ramas y acabar quién sabe dónde (en resumen, perdernos de nuevo). Llevo años sabiendo que pertenezco a este último grupo de personas. Lo sé porque no fallo.

Ahora llega el aviso para periodistas:

Nuestra profesión nunca deja de recordarnos que no hay pequeñas ni grandes historias, sino solamente historias y periodistas más o menos inspirados.

Érase una vez la URSS. Dominique Lapierre. Planeta. Barcelona, 2006. Página 11.

¿Y cómo he llegado al libro de Lapierre?

Como siempre, por mi pulsión oceánica. Desde octubre estoy aprendiendo ruso. Y como no sólo quiero aprender o entender ese idioma, sino comprender su entorno, su cultura y su pueblo (ya he dicho que no fallo, que no tengo remedio), he empezado a leer sobre su historia, a escuchar su música, sus programas de radio (aunque no me entere de nada y sólo reconozca cuatro palabrejas sueltas) y a leer su literatura y sobre sus autores más destacados (hace años que conozco algo de Dovstoievski, Tolstói, Chéjov, Tendriákov, etcétera)…

Ah, y estoy buscando como loco algún programa fiable (dos palabras difíciles de casar en el mundo de la informática) para aprender mecanografía en ruso. Nada me da más rabia que no poder escribir a una velocidad aceptable en un idioma que estoy tratando de aprender (he de confesar que como no he encontrado nada de momento, estoy creándome un método privado para aprender mecanografía en ruso: ¡cómo si no me voy a preparar mis apuntes!).

Bueno, ya va siendo hora de repasar la lección de esta semana. De momento, un poco de vocabulario relativo a la familia:

бабушка: abuela

брат: hermano

внука: nieta

внук: nieto

дедушка: abuelo

дети: hijos, niños (en general, en conjunto, sin definir o marcar su sexo)

дочь: hija

жена esposa

женщина: mujer

имя: nombre

кошка: gato

мама: mamá

мать: madre (casi no se usa, porque casi todos los tacos que se dicen en ruso suelen emplear esta palabra. Ellos prefieren мама)

муж: marido

мужчина: hombre

отец: padre

отчество: patronímico

папа: papá

родители: padres (en general, en conjunto, sin definir o marcar su sexo)

семья: familia

сестра: hermana

собака: perro

сын: hijo

фамилиа: apellido

3 comentarios

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  1. Dorren

    En mi campo, la lingüística, también se reconocen claramente varios tipos de estudiantes como los que tienen más facilidad para entender lo que escuchan o los visuales, entre los que me incluyo, que somos los que no tenemos problemas para leer y entender un texto en otro idioma.
    Me parece genial que estudies ruso, o cualquier otra cosa. Nunca está de más aprender cosas nuevas. Yo desistí de la idea de estudiar ruso. Rusia es un país, que, aparte de que no me atraiga, actualmente tiene un régimen dictatorial y homófobo. Existe una corriente creciente de racismo brutal contra los emigrantes de Asia central, que también son rusos. Rusia no es sólo Moscú y San Petesburgo. Luego están los estereotipos, que siempre tienen algo de cierto, de que son unos borrachos. Y también tenemos a los nuevos ricos, gente que no tiene escrúpulos en hacer ostentación de su dinero, ganado a saber de qué manera. En cuanto a sus glorias, sí, podemos hablar de Dostoyevski, pero humildemente, creo que es una literatura que hoy por hoy ha perdido su vigencia. No obstante es del sigo XIX. Es una literatura densa y aburrida, aunque los temas que propongan sean buenos. Me da igual que Dostoyevski sea considerado un genio. Léete “Crimen y castigo” y después me dices. Con esto no pretendo desprestigiar a Rusia. Es el país más grande del mundo. No puedo ser tan ignorante y tirarlo por tierra en cuatro frases. Sólo quiero decir que no me molan los rusos y, por tanto, eso me quita las ganas de aprender su idioma o viajar allá. Lo mismito con los chinos cochinos. Si hablamos de Francia o Alemania, la cosa da un vuelco radical, pero eso ya es otro tema.

    • yagogallach

      Dorren, a mí sí me gusta gran parte de la mentalidad rusa. Aparte de sus dirigentes (motivo por el cual no merecería la pena aprender ningún idioma), el ruso me parece un idioma arquitectónico y muy interesante.

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