Por qué le gusta el ajedrez

· Ajedrez, Oxígeno
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El gran maestro británico, Stuart Conquest, en un torneo abierto en Sestao, 2012.

El gran maestro británico Stuart Conquest, en un torneo abierto en Sestao, 2012.

El ajedrez es un deporte que cuenta con muchísimas ventajas. Una de ellas —y, ciertamente, muy importante— es la de la convivencia. No me refiero sólo a la que se produce por el mero hecho de compartir un espacio, sino a la que se da en la mayoría de los torneos de ajedrez que se juegan, los abiertos, en los cuales —mezclados, y bien avenidos— coexisten muchas especies diferentes de ajedrecistas: profesionales, semiprofesionales, aficionados, ¡y curiosos! (hay quien los llama mirones).

Es muy raro —si no excepcional— ver este tipo de experiencias en otros deportes, pero en cualquier ronda de un abierto de ajedrez (y los hay fortérrimos, que diría aquél) podemos ver, frente a frente, encuentros interesantes entre fuertes aficionados y profesionales. Se pueden dar sorpresas, o no, pero lo importante de esto es la oportunidad con que contamos los ajedrecistas de palpar una partida, de experimentarla y de vivirla (y de sufrirla) cuando nos enfrentamos al cerebro entrenado de un profesional. Es algo único, quizá incomparable, que muchas veces no sabemos valorar en su justa medida.

Por otra parte, siempre me ha hecho gracia constatar un hecho. Durante mi etapa como editor de la revista Jaque salí a cubrir muchos torneos (abiertos, cerrados, por equipos…). A muchos de ellos acudía acompañado (generalmente, por mi hermano Nacho) y montábamos un puesto de venta de libros y material de ajedrez. Por regla general, nuestros clientes más habituales eran los jugadores que perdían sus respectivas partidas. Terminaban antes, paseaban entre las mesas, se aceraban al puesto e intentaban ver de qué modo podían mejorar su juego. Con ellos manteníamos largas conversaciones, muy interesantes la mayoría de ellas (otra de las ventajas del ajedrez). Y en muchas ocasiones nos regalaban comentarios como el siguiente:

Me gusta el ajedrez porque en el ajedrez, al contrario de lo que sucede en la vida, ganan los buenos.

Aficionado, ante un puesto de libros, después de perder una partida en el torneo de Villarrobledo de 2008.

2 comentarios

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  1. Mikel Iker

    Hola, Yago, interesante reflexión: ¿por qué me gusta el ajedrez? Haciendo una introspección, puedo responder que me gusta porque antes y durante la partida uno tiene la sensación de que, con voluntad, esfuerzo, pensamiento correcto y, sobre todo, cuando las cosa se tuercen, siempre hay que buscar cómo sacar provecho de esa “mala situación”, cómo puedes aprovechar cierta circunstancia, darle la vuelta y aquello que parecía ir en tu contra, lo logras convertir a tu favor. Esto último es lo que más me gusta y lo que más enseña para la vida. Un abrazo. Mikel

    • yagogallach

      Hola, Mikel:
      Cuando llevo algún tiempo sin jugar, la sensación que me llevo de la primera partida (siempre, siempre, siempre, sin importarme el resultado) es: ¡¡me encanta pensar!! A mí me gusta mucho el ajedrez porque me gusta pensar.

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