Detonadores

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Un título (La ladrona de libros), la estrofa de una canción (Nunca se puede saber lo que va a ocurrir mañana, salvo que al fin de semana sigue un lunes otra vez), una frase de tu profesor de matemáticas (Al igual que vosotros jugabais con cochecitos, vuestros hijos jugarán con vectores de posición), el olor de un alimento (el pan), una cita, un personaje de cine (Leia al capitán Solo: «Tienes tus momentos, pocos, pero los tienes»), un error en el fragor de una conversación («Estoy con los pies en el cielo»), un chiste, un edificio, un cuadro, la melodía de una gran obra, un paisaje, una persona… Sí, siempre he creído y he vivido con detonadores creativos (y los he ido coleccionando). A cada uno de nosotros nos inspira o nos mueve algo diferente.

El mono obeso

Puedes adquirirlo aquí.

Ayer, leyendo El mono obeso, me topé con una afirmación que me está haciendo reflexionar bastante sobre qué somos y qué hacemos en esta enorme y bella galaxia:

No debemos olvidar que toda especie representa una solución provisional de la evolución y que su destino inexorable es extinguirse, y ello incluye a nuestra propia especie: el Homo sapiens sapiens.

El mono obeso. José Enrique Campillo Álvarez. Editorial Crítica. Barcelona, 2005. Página 46.

Un ejemplo de cómo funciona la chispa creativa en un gran autor de ficción científica, como Orson Scott Card (sí, sí, el autor de El juego de Ender y el resto de libros que le siguen), lo podemos encontrar en El guardián de los sueños, una colección de cuentos peculiar, pues se habla sobre cuáles fueron, en cada caso, las circunstancias y los agentes que movieron a escribir cada historia.

La decisión de publicar el marco creativo en el que se generó cada uno de los cuentos me parece magnífica, y creo que nos ayuda a todos a la hora de escribir. También, a la hora de vernos, de conocernos y de reconocer nuestros propios detonadores creativos.

Esta entrada se la dedico al viajero-lector anónimo que me crucé ayer en el metro de Valencia. Él, aislado del mundo con unos auriculares particularmente visibles, leía El juego de Ender; mientras a mí me atravesaba una idea: «Todos somos una solución provisional de la evolución». Quizá esto se convierta alguna vez en una idea para un buen relato. Quién sabe. O tal vez lo olvide.

2 comentarios

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  1. Dorren

    A mí también me pasa eso de los detonadores. La portada del libro es muy buena. Yo estoy igual de gordo que el de la foto, y encima también se llama David, tócate.

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