Cáncer y ajedrez

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Las paralelas y los paralelismos existen. De hecho, hacer frente a una partida de ajedrez de competición (aunque en los cafés también hay quien se lo toma muy en serio) es como enfrentarte a un cáncer: «No puedes luchar contra un cáncer si no sabes contra qué te enfrentas. Primero, conocer al contrincante; seguidamente investigarlo, y finalmente luchar» (El mundo amarillo. Albert Espinosa. Grijalbo. Barcelona, 2008. Página 47).

El ajedrez (y el cáncer) no conoce edad, sexo, religión o idioma.  Imagen tomada en la II Fiesta del ajedrez UNAM (Universidad Autónoma de México).

El ajedrez (y el cáncer) no conoce edad, sexo, religión o idioma.
Imagen tomada en 2012 en la II Fiesta del ajedrez UNAM (Universidad Autónoma de México).

Todo maestro de ajedrez trata de conocer a la persona a la que se va a enfrentar (algunos maestros, incluso, intentan odiarla). Luego, investiga sus partidas, su producción, sus predilecciones, sus puntos débiles (si los tiene), sus filias y sus fobias. Y finalmente, se sienta al tablero, choca las manos con su rival, y lucha.

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