Animaladas

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El vocabulario popular está hinchado de grandes expresiones, muchas de ellas animaladas, muy evocadoras y representativas. Antes de entrar de lleno en las últimas palabras incorporadas a este diccionario tan particular, creo que debo declarar mi respeto hacia los animales. De hecho, hace años una amiga hablaba de humanadas en lugar de animaladas, porque, afirmaba, era imposible que los animales cometieran tantas faltas como les atribuíamos, más propias de nuestras bajezas que de las suyas.

Sea como fuere, y no sé si a partir de Ibáñez y sus inolvidables Mortadelo y Filemón, hemos poblado nuestra habla cotidiana con incorporaciones como niñosaurios, vacaburras, animal de acequia, etcétera. Aunque también las hay más agradables, como la cisnerafa.

Panal de rastrevíspulas. Imagen tomada de http://losjuegosdelhambre.wikia.com/

Panal de rastrevíspulas. Imagen tomada de http://losjuegosdelhambre.wikia.com/

La semana pasada le picó una rastrevíspula a mi hija (avispas rastreadoras, creadas en el universo imaginario de Los juegos del hambre¹) y hoy mi suegro ha agregado la última entrada a mi diccionario al referirse a su veterinario como: «el perrángano ése» (un hombre mitad perro, mitad zángano).

Me gustaría imaginarme un perrángano, pero necesitaría de un Ibáñez para verlo (como poco), o ir a la consulta del médico.

1. La descripción exacta de las rastresvípulas dice que «estas avispas asesinas se crearon en laboratorio y se colocaron estratégicamente en los distritos, como minas, durante la guerra. Son más grandes que las avispas normales, tienen un inconfundible cuerpo dorado y un aguijón que provoca un bulto del tamaño de una ciruela con sólo tocarlo. Casi nadie tolera más de unas cuantas picaduras y algunos mueren al instante. Si vives, las alucinaciones producidas por el veneno han llevado a algunos a la locura; además, estas avispas persiguen a cualquiera que las haya molestado e intentan asesinarlo. De ahí viene el “rastreadoras” que forma parte de su nombre» (Los juegos del hambre. Suzanne Collins. Molino, Barcelona, 2012. Páginas 200 y 201).

1 comentario

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  1. David Gómez

    Comparto tu inquietud y estoy completamente de acuerdo con las humanadas de tu amiga. También debo decir que las animaladas lingüísticas son bastante graciosas, como el perrángano de tu suegro. Lo malo es que esas palabras se me incrustan en el cerebro y acabo por utilizarlas yo mismo, pero las uso mentalmente, para mi interior, en la mayoría de los casos, sino me tomarían por lo que no soy. Aunque más de uno/a me tomará por gilipollas, de tanto acabar los adjetivos con -ico/ica.

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