Certezas

· Oxígeno, Pensamientos
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Desde niño he tenido muchas sensaciones de estar llamado a ciertas cosas¹ (y a otras, evidentemente, no²). No sabía explicarlo hasta que leí estas maravillosas palabras de Carl Jung:

Desde el principio tuve una sensación de destino, como si mi vida me hubiera sido asignada por la suerte y tuviera que cumplirse o realizarse. Esto me daba una seguridad interior, y, aunque nunca pude probármela a mí mismo, esa seguridad daba por sí sola sus pruebas. Yo no tenía esa certeza, ella me tenía a mí.

Cita tomada de La felicidad de nuestros hijos. Wayne W. Dyer. Debolsillo. Barcelona, 2006. Página 10.

¿La planta tendrá certezas? ¿Sabrá que dará estos colores? Imagen tomada en 2011 en el Parque Natural de Pagoeta, País Vasco.

¿La planta tendrá certezas? ¿Sabrá que dará estos colores?
Imagen tomada en 2011 en el Parque Natural de Pagoeta, País Vasco.

Para aclararlo, no entiendo sensación de destino como algo que me va a suceder haga lo que haga. Más bien lo entiendo un poco más al modo de Stephen Hawkins, quien afirmó (memoria arriba, memoria abajo) algo así como: «Hasta los que creen en el destino miran a izquierda y a derecha antes de cruzar la acera». Para mí, esa sensación de destino se parece más a una predisposición natural que hay que cuidar día a día. Incluso, me recuerda mucho más a lo que es una planta, a lo que puede ser si se la cuida, se la riega, se la abona y se la solea bien.

Sobre este asunto, el de las certezas, me gusta mucho recordar la siguiente cita³:

Esta clase de certeza sólo se presenta una vez en la vida.

Los puentes de Madison

Y por eso hay que mimarlas tanto (las certezas)…

1. Por ejemplo, recuerdo de adolescente, yendo a comprar cada quince días la revista Jaque. Ya entonces quise contribuir en la revista, publicarla, editarla. Y ese sueño se hizo realidad. Por eso me dolió tanto tener que cerrar la publicación el pasado febrero.

También me fascinó el mundo de la cultura, el de los pensadores, el de las ideas, y siempre he tratado de acercarme a él, de vivir y respirarlo; y, por supuestísimo, respetarlo.

2. Así mismo, tuve claro que lo mío no iba a ser estar pegado a una pantalla (televisión entonces, móvil y ordenador ahora), y que la vida se vivía fuera, al compartirla y abrazarla.

3. Sobre todo en la cálida y profunda voz de Constantino Romero, haciendo las veces de Clint Eastwood en si no toda sí casi toda su producción doblada al castellano.

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