Yagos literarios

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Yago de OthelloAparte del Yago de «El jinete del silencio» existe al menos otro Yago en la literatura, el de Othello, una de las obras magistrales de Shakespeare; por supuesto (o de momento), éste mucho más universal que aquél.

Sin embargo, hasta aquí llega mi conocimiento (en cuanto a Yagos literarios se refiere), por lo que solicito a todos los lectores de este ciberdiario que si conocen algún Yago más en la literatura, me lo hagan saber.

Una vez abierta la petición, me gustaría regresar a «El jinete del silencio», a cuya lectura me he visto abocado.

Pues bien, a vuelaojo, y destacando sólo los ejemplos que recuerdo ahora (mi supermemoria es limitada: entre mis objetos preferidos para perder se hallan las nada útiles llaves de casa y el nada atractivo teléfono móvil, que, en mi caso, deberían haber bautizado como el perdible), en el breve remojón que me he echado en las letras de este libro podría reseñar:

1. Página 19:

Don Luis Espinosa era muy alto, más de lo común, y sólo por eso llamaba la atención, pero lo que a Isabel le sedujo sin medida fueron sus ojos azules, tan nítidos y limpios que desde el primer momento en el que se posaron sobre ella, le resultó imposible sustraerse a su poder de atracción.

En este extracto falta una coma entre que desde, para acotar el primer momento en el que se posaron sobre ella. Por ejemplo, sin ese inciso explicativo, la estructura quedaría así: «[…] pero lo que a Isabel le sedujo sin medida fueron sus ojos azules, tan nítidos y limpios que le resultó imposible sustraerse a su poder de atracción». Por lo tanto: «[…] pero lo que a Isabel le sedujo sin medida fueron sus ojos azules, tan nítidos y limpios que, desde el primer momento en el que se posaron sobre ella, le resultó imposible sustraerse a su poder de atracción».

2. Página 65:

Buscó en las ancas de una hermosa yegua la marca de su hierro, pero alguien la había quemado y la hinchazón la ocultaba. Hizo lo mismo con dos potrancas sin éxito: estaban todas borradas.

Aquí, si las dos potrancas son unas fracasadas («dos potrancas sin éxito»), la puntuación es correcta; mas creo que lo que no tuvo éxito fue la búsqueda. Por lo tanto: «Hizo lo mismo con dos potrancas, sin éxito: estaban todas borradas».

3. Página 83:

—Tengo poco tiempo para andar con adivinanzas, ¿me entendéis? —El hombre se rascó la cabeza aburrido.

Entiendo que El hombre aburrido se rascó la cabeza expresa que hay varios hombres, y que sólo el aburrido se rascaba. Por otra parte, el aburrido final indica un estado de ánimo y no adjetiva a cabeza: cabeza y aburrido no concuerdan en género. Por lo tanto, El hombre se rascó la cabeza (en señal de estar) aburrido. Esa elipsis se traduce en una coma: El hombre se rascó la cabeza, aburrido.

4. Página 111:

Los dos eran ambiciosos, fríos, con pocos escrúpulos cuando había dinero que ganar. A pesar de ser muy diferentes entre sí, su complicidad era absoluta, sus propósitos idénticos, y nunca se les había visto discutir, contradecirse, pero tampoco temblar cuando había que castigar la deslealtad de un subordinado.

En este párrafo nos vamos a fijar, principalmente, en la segunda oración, donde hay varios errores de puntuación. Una lista, sobre todo si necesitamos luego incluir más texto (es decir, una lista que no se llena sólo con elementos, como la lista de la compra: arroz, pan, agua, macarrones, etcétera), es mejor puntuarla con puntos y coma, para poder agregar comas si las necesitamos. Por ejemplo, para solucionar la coma faltante entre propósitos idénticos («sus propósitos [eran] idénticos») bastaba elaborar la lista con puntos y coma: «A pesar de ser muy diferentes entre sí, su complicidad era absoluta; sus propósitos, idénticos; y nunca se les había visto discutir, contradecirse […]».

Ahora hemos llegado al segundo momento de la corrección. Ésta de estilo. Resulta curioso, mas el pero (en la función de conjunción adversativa cuya tarea es «contraponer a un concepto otro diverso o ampliativo del anterior. El dinero hace ricos a los hombres, pero no dichosos. Le injurié con efecto, pero él primero me había injuriado a mí», como explica la RAE) disuena en esta oración, porque tanto Luis como Martín (los aludidos en la novela) estaban de acuerdo a la hora de «castigar la deslealtad de un subordinado». En resumen, el pero tampoco se resuelve con un sencillo o. Veamos: «A pesar de ser muy diferentes entre sí, su complicidad era absoluta; sus propósitos, idénticos; y nunca se les había visto discutir, contradecirse o temblar cuando había que castigar la deslealtad de un subordinado».

5. Página 112:

En aquel tándem, quien pensaba las estrategias e ideaba cómo solucionar los problemas solía ser él. Martín se encargaba del trabajo más operativo dada su determinación y probada capacidad de dirigir a la gente.

La novela arranca en el año 1522, y no sé dónde se pretende situar el narrador. Si éste quiere permanecer próximo en la distancia y en el tiempo con sus personajes, sobra el tándem y el trabajo operativo, términos más de nuestra época que de los albores del Renacimiento.

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5 comentarios

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  1. David Gómez

    Yo he visto otro Yago por ahí este año, pero no recuerdo en qué novela…

    • yagogallach

      Por favor, Davidorren, elabora una lista con lo que has leído este año y ya iré a revisar yo los libros. Muchas gracias, David.

  2. Dorren

    Creo que el Yago que vi aparece en “El conde Lucanor”. Tiene que ser un libro en español, y este año he leído pocos libros en español. Así que yo diría que es ese libro, “El conde Lucanor”.

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