A la guerra

· Oxígeno
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La que siempre lucía antes de que los bombardeos acabasen con él. Se necesitaron muchas bombas, manos y voluntades para exterminar al dios dinero, un dios que jamás estuvo en peligro de extinción, y que lograba, empero, arrasar con todo lo que rozaba a su paso. Desde su mismo origen —los dioses nacen con las personas, no lo olvides, crecen y se reproducen con ellas— pudrió a sus mismos creadores, los corrompió con su brillo, con el poder que otorgaba. Hasta entonces, poder significaba capacidad de, pero luego el dinero le dio al poder más poder y el poder le dio al dinero más dinero. Por eso, hijo, me alisté, ¡necesitábamos oxígeno!

Microrrelato con el que concursé (febrero de 2009) en Relatos en Cadena, de la Cadena Ser. En estos relatos es obligatorio comenzar con la oración que cierra el relato ganador de la semana anterior. Sin contar esa frase inicial —que sirve de disparador creativo—, no se pueden emplear más de cien palabras para todo el microrrelato.

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