Otra sana reflexión

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Hoy, además, creo que no hace falta añadir nada más:

Los síntomas, con su insistencia o reaparición, nos indican que no hemos resuelto el problema con tanta rapidez y eficacia como nos gusta creer. La enfermedad siempre ataca al ser humano por su parte más vulnerable, especialmente cuando él cree tener el poder de cambiar el curso del mundo. Basta un dolor de muelas, una ciática, una gripe o una diarrea para convertir a un arrogante vencedor en un infeliz gusano. Esto es precisamente lo que nos hace tan odiosa la enfermedad.

La enfermedad como camino. Thorwald Dethlefsen y Rudiger Dahlke. Debolsillo, Barcelona, 2012. Página 77.

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