Príncipes y princesas

· Oxígeno
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―Y restos de lágrimas en las mejillas ―continuó informando, circunspecta, la princesa a su padre―. Eso es lo que hallé en lo que ahora es un bello rostro, rostro que anoche no superaba la condición de sapo gracioso y tímido. Padre ―concluyó la princesa― he desecho el encantamiento de una bruja malvada. Ahora debo casarme con él.

El regente, de hito en hito, la miró. Recorrió airado la alcoba, agarró al nuevo príncipe por la solapa y bramó: «¡Sólo espero que no me salgas rana!».

Microrrelato con el que concursé (marzo de 2013) en Relatos en Cadena, de la Cadena Ser. En estos relatos es obligatorio comenzar con la oración que cierra el relato ganador de la semana anterior. Sin contar esa frase inicial —que sirve de disparador creativo—, no se pueden emplear más de cien palabras para todo el microrrelato.

Cuando leí Y restos de lágrimas en las mejillaslo primero que me vino a la cabeza fue un chiste de Eugenio (que no contaré aquí por no restarle gracia al genio), a quien quise homenajear con este pequeño microrrelato.

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