Iacobus

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En el año 2004 leí una novela histórica titulada Iacobus. Como siempre, pretendí ser un personaje más de la aventura, pero, al final, no conseguí caer atrapado por la narración, lo que suele ser extraño en mí. Ahora voy a entresacar algunas de las pequeñas notas que en su momento esbocé sobre la novela, ya que elegí Iacobus (el título de esa obra era la raíz del mi nombre y eso atrajo mi atención) por lo que había leído de Matilde Asensi en algunas entrevistas y porque la crítica afirmaba que era la «Pérez-Reverte femenina» (todavía no había leído nada de ella). Pues bien, me quedé un poco desencantando, tanto con la historia como con el uso de los recursos que empleó la escritora para coserla. Sé que cuando uno corrige a otro se expone a no ser debidamente comprendido y que, muchas veces, se puede caer en el pantano de lo subjetivo. Además, no voy a ser yo quien deje de valorar el tremendo esfuerzo que supone escribir.

Para esta breve revisión tomé  de la primera edición (2003) de [!] Debolsillo, de Random House Mondadori.

1. El primer «tropiezo» aparece en la dedicatoria:

A mi pequeño amigo Jacobo C. M., que está convencido que esta novela es suya

Jacobo está convencido de una cosa, entonces, ¿de qué está convencido?, está convencido «de que» esta novela es suya (Manual de redacción. Víctor Rodríguez Jiménez. Editorial Paraninfo, Madrid. Página 96. Y El estilo del periodista. Álex Grijelmo. Editorial Taurus, Madrid. Sexta edición, octubre de 2000. Página 221).

2. Resulta extraño que un personaje tan culto e inteligente como Galcerán de Born escriba que ha dicho lo siguiente:

—Está bien, no preocuparos. Seguid. (Página 90).

—No preocuparos, Sara —resoplé agobiado—. (Página 233).

—Está bien, no preocuparos. No pasaremos. (Página 285).

Ignoro si este error se repite en otros pasajes del libro, mas —como se puede inferir— no es casual este yerro en la conjugación verbal. Creo que ninguno de nosotros jamás diría o escribiría en singular «Está bien, no preocuparte», ni «Está bien, no preocupar». Ese «te» u «os» final no deben engañarnos a la hora de conjugar los verbos (levanta, levántate, levantad, levantaos; pero no levantaros). Como es bien sabido «el uso impone la construcción No vengáis, sin imperativo pero con entonación apelativa donde lo negativo afecta exclusivamente al contenido de la raíz verbal (“os ordeno que no vengáis”)».

A lo largo de la obra hay algunos ejemplos más en la conjugación, como «poneros aquí» por «poneos aquí» (página 239) y «decirme» por «decidme» (página 307).

Ejemplos en Gramática de la Lengua Española. Emilio Alarcos Llorach. Editorial Espasa Calpe, Madrid. Octava reimpresión (mayo de 2002). § 213.

3. Tampoco es normal que en aquella época se utilizasen tantos anglicismos:

—El muchacho y yo le ignoramos, atentos únicamente a la trova. (Página 200).

Ignorar. «Es incorrecto el uso de ignorar con el significado de “hacer caso omiso” o “pasar por alto”, por influencia del inglés to ignore» (Diccionario de español urgente. Agencia EFE. Móstoles, Madrid. También podemos leer sobre el uso de ignorar en: Libro de estilo de El País. El País, Madrid. Decimosexta edición, mayo de 2002. El dardo en la palabra. Fernando Lázaro Carreter. Galaxia Gutenberg – Círculo de lectores, Barcelona. Sexta edición, 2001. Páginas 313, 473, 498). No habría perdido nada de sentido escribir: «El muchacho y yo no lo tuvimos en cuenta, atentos únicamente a la trova» o, incluso «El muchacho y yo no le hicimos ni caso porque estábamos atentos únicamente a la trova».

4. Ni es adecuado el galicismo ‘paso a dar’:

Yo no dudaba acerca del próximo paso a dar: (Página 302).

«¿Y qué decir del galicismo, tan frecuente, formado por a + infinitivo para calificar, casi siempre de manera ociosa, un sustantivo antecedente? Podría aducir muchos ejemplos como éstos: “… el profesional debe tener muy claros los dos objetivos principales a alcanzar en una buena traducción”; “… en el que se trataba de determinar el procedimiento a seguir para lograr…”; “… vieron en el dialecto ático un modelo de lengua a imitar”. Los tres ejemplos ganarían mucho con la supresión de las letras en cursiva» (El buen uso de las palabras. Valentín García Yebra. Editorial Gredos, Madrid. 2003. También en: El estilo del periodista. Álex Grijelmo. Editorial Taurus, Madrid. Sexta edición, octubre de 2000. Páginas 226 y 227).

5. En las páginas 107 y 110 —entre otras— vemos la palabra ‘gueto’ (admitida por la Academia en 1970) que, aunque proveniente del italiano ‘ghetto’ (abreviatura de ‘borghetto’) parece fuera de lugar en este libro y que, al leerla, nos “saca” de la historia. La primera acepción de gueto fue «Barrio en que vivían o eran obligados a vivir los judíos en algunas ciudades de Italia y otros países» y sólo más adelante se añadió «Barrio o suburbio en que viven personas de un mismo origen, marginada por el resto de la sociedad» y, en sentido figurado, «Situación o condición social en que vive un pueblo, una clase social o un grupo de personas». En su lugar cabe ‘suburbium’ (habría que documentarse) o ‘suburbio’, o también ‘judería’, e incluso ‘aljama’, como se lee en la página 111.

6. Al igual que ha utilizado sórores (plural de sóror) para que los lectores “entremos” en un mundo lejano —y por qué no, mágico— podría haber empleado ‘garantir’ por ‘garantizar’ (página 301); ‘empero’ (aunque no estoy muy seguro, aparece por primera vez en el diccionario de 1780) y ‘mas’ (que lo vemos, verbigracia, en las coplas de don Jorge Manrique) o ‘sed’… y no exclusivamente ‘pero’. Tampoco parece muy lógico que nos saque de la historia con situaciones actuales: la verdad, no me imagino a don Galcerán encendiendo un ordenador o conduciendo por una autopista. Claro, eso no sucede, lo que sí ocurre es que le da por ‘enfatizar’ (verbo “nuevo”, lo documenta nuestro diccionario en 1970), por ‘señalizar’ (como el anterior, de 1970), o por que los personajes se tuteen sin que haya distinción de rangos (de padre a hijo, etcétera), e incluso cuando se emplea ‘envergadura’ para referirse al tamaño de los objetos —Lázaro Carreter, entre otros, nos advierten de este mal uso—: «[…] cálices de mil colores y envergaduras contenían sustancias […] (página 113).

[…] como no sabía qué método habían utilizado para señalizar sus ocultas riquezas […]. (Página 159).

Aunque bien escrito aquí: significa poner señales, generalmente de tráfico (me remito al diccionario y a los dardos de don Fernando Lázaro Carreter), parecen más adecuados ‘marcar’ o ‘señalar’.

7. Ahora bien, lo que sí me ha alejado de la historia y del personaje ha sido lo siguiente:

El animal reaparece de pronto y el rey, agradecido, le dice a nuestro amigo: «Pídeme lo que quieras», y él le contesta: «Vuestra trompa de oro» […]. (Páginas 98 y 99).

¿Un rey dice «Pídeme lo que quieras»?, ¿y un campesino contesta «Vuestra trompa de oro»? No parece muy verosímil. Ciertamente, el diálogo ganaría “años” con «Pedidme lo que gustéis» (o deseéis), «Vuestra trompa de oro, alteza».

Otro ejemplo de lo mismo es:

—¡París es la ciudad más hermosa del mundo entero! —exclamó dejándose caer todo lo largo que era sobre su jergón. (Página 80).

Que podría mejorar con un «dejándose caer cuan largo era sobre su jergón».

Me dijo que me pasara al día siguiente, que me entregaría la candela conteniendo ya el conjuro, y que sólo debía […]. (Página 108).

La Real Academia, salvo ‘palo ardiendo’ y ‘agua hirviendo’ condena este uso del gerundio. Bien, no solamente la Academia, en los diferentes manuales, libros de estilo, y gramáticas podemos ver que el gerundio no se debe emplear para construir oraciones como la que he señalado. Al parecer, es un vicio casi exclusivo de los y las periodistas… Hay varias soluciones, daré dos: «[…] que me entregaría la candela en cuyo contenido estaría ya el conjuro […]» y «[…] que me entregaría la candela que contendría ya el conjuro […]».

8. Algo que ha llamado mi atención ha sido el empleo del ‘debe’ y del ‘debe de’ (la ausencia de este último). Copio un caso en el que hace falta la preposición para dar un sentido de probabilidad y no de obligatoriedad (consúltese principalmente el Diccionario de dudas de Manuel Seco).

[…] la trompa no estaba y ya no debía llevarla encima cuando fue atacado […]. (Página 92).

9. Un mal entendido:

[…] (debemos pensar que poco después de matar a Guillermo de Nogaret, que murió entre el papa Clemente y el rey Felipe). (Página 98).

Conforme está escrito parece que los tres murieron juntos y que el último, Guillermo, se hallaba —presumiblemente en el suelo o en el mismo lecho— entrambos. De acuerdo con la historia, cabe: «debemos pensar que poco después de la muerte de Guillermo de Nogaret, la segunda de ellas»; «debemos pensar que poco después de matar a Guillermo de Nogaret, muerte que sucedió a la del papa Clemente y precedió a la del rey Felipe»…

10. No hay alocuciones largas ni de un ‘inferior’ a un ‘superior’ (esto es una incorrección lógica, como don Agustín García Yebra nos hace saber en El buen uso de las palabras):

El papa Juan XXII y el gran comendador hospitalario de Francia, frey Robert d’Arthus-Bertrand, duque de Soyecourt, me escucharon con gran atención durante la hora larga que duró mi alocución. (Página 150).

«alcocución. f. Discurso o razonamiento breve por lo común y dirigido por un superior a sus inferiores, secuaces o súbditos». Diccionario de la Real Academia.

11. Para terminar, algunas apreciaciones:

‘Machaconamente’ (página 338) no está en el diccionario. Sí leemos que machacón es machaca (importunus, molestus) en 1734. Le daría brillo a la expresión cambiar ‘machaconamente’ por «—Sin ellos no puedo hacerlo —repetí cual machaca».

‘Tejemaneje’ (página 339) entró en 1925 en nuestro diccionario como «afán, destreza y agilidad con que se hace una cosa o negocio» y que posteriormente, en 1936, adquirió el sentido peyorativo —que vino desde el otro lado del Atlántico y Galcerán, por fuerza, desconocía Hispanoamérica— de «enredos poco claros». Por ello, parece mejor hablar de ‘asuntos turbios’…

‘Mª Magdalena’ (página 349). ¿No es mejor en una novela escribir el nombre completo: María Magdalena?

Y, para ‘valorar muy positivamente’ (página 368) y ‘al día de hoy’ (página 376), lanzo los dardos —un dardo para la primera y un nuevo dardo para la segunda— de don Fernando Lázaro Carreter.

Soy un lector profesional, con experiencia en el mundo de la edición, de la redacción y de la corrección de textos. Puedes ponerte en contacto conmigo para editar, corregir y mejorar tus textos o para solicitar informes y redacciones.

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