Tres a uno

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Fotografía de Graciela Manteiga. De izquierda a derecha: Magnus Carlsen, el peluquero serbio, Carlos Ilardo, Yago Gallach y Federico Marín Bellón

Fotografía de Graciela Manteiga. De izquierda a derecha: Magnus Carlsen, el peluquero serbio, Carlos Ilardo, Yago Gallach y Federico Marín Bellón

Lo curioso de la presente entrevista a tres (entre Carlos A. Ilardo, Federico Marín Bellón¹ y Yago Gallach) es la historia previa a ella.

En el club de la risa estuvimos viendo el modo de arrancarle una entrevista de varios minutos a Magnus Carlsen. A todo periodista le cuesta encontrar el momento para una entrevista, sobre todo a los grandes jugadores. Antes del torneo están concentrados, durante el torneo están más concentrados si cabe (y si encima han perdido…) y cuando acaban, se quieren olvidar de todo (de hecho, lo normal es que todos los días vayan dando largas: «Mañana, mañana…»).

Ante esa tesitura, y a sabiendas de lo cargado de su calendario, buscamos alguna alternativa para poder acercarnos a él. Al final, lo más acertado (creo) fue hablar con su representante, el MF Espen Agdestein, pedirle una entrevista a tres durante 15 minutos y cumplir con él (gracias a nuestro engrasado reloj suizo). Luego, le solicitamos 5 minutos con Carlsen. Le dijimos que íbamos a ir los tres (después se unió a nosotros un peluquero serbio) y que le haríamos una entrevista conjunta (Graciela llevaría la cámara).

Magnus cumplió y nos concedió la entrevista, pero lo divertido llega ahora.

Resulta que a Carlos y a Graciela los invitó a cenar Hiquíngari Carranza, organizador del Festival de la UNAM. Carlos tenía que presentar una nota en La Nación (el diario para el que escribe) y Federico y yo sabíamos que, por el desfase horario entre México y la Argentina y por las exigencias del cierre de la edición, el bueno de Carlos no dispondría de mucho tiempo para editarla con calma.

De modo que nos fuimos a cenar y, al acabar, empezamos a traducir la entrevista para entregársela a Carlos.

Entonces se nos ocurrió una diablura. Le enviamos (a la vez: a la de una, a la de dos y a la de tres) la traducción a Carlos por correo electrónico, pero desde nuestras dos cuentas, e indicándole los dos (cada uno de la forma más macarrónica que supo) que la traducción del otro era la mala y que la propia era la correcta. Sólo de imaginarnos que tendría que leerse las dos y ver que eran idénticas…

Por la mañana, le preguntamos qué entrevista había escogido y nos indicó que la mía, porque era la que había entrado más tarde en su bandeja.

Ahora, creo que vale la pena leer lo que nos contestó Magnus:

Carlsen, a la ciega

Carlsen, a la ciega

—Muchas personas están al tanto de los errores de la Federación Internacional de Ajedrez. Si fueras campeón mundial, ¿tomarías parte y lucharías contra la FIDE, o te mantendrías relativamente al margen?

—Creo que hay aspectos en el mundo del ajedrez, tanto en el ciclo de los campeonatos mundiales como en las directrices de la FIDE, que no son los mejores posibles. Pero de momento estoy más interesado en seguir jugando, aunque en el pasado tuve mis discrepancias con la FIDE. Y eso me quitó mucha energía, por lo que es algo que de momento quiero dejar atrás.

—En calidad de número uno del mundo, ¿tienes planes para promocionar el ajedrez?

—Estoy tratando de jugar lo mejor posible; viajar y popularizar el ajedrez.

—Qué es lo que te ha regalado el ajedrez en tus 21 años de vida.

—El ajedrez es muy gratificante para mí. Es un juego que encontré fácil e interesante desde el principio. También influyó que empecé a ganar con facilidad; pero mi principal motivación es el juego en sí mismo.

—Kásparov se caracterizaba porque buscaba ganar desde la apertura. Usted parece esperar y consigue ventaja en el medio juego y en el final. ¿Es por razones prácticas o porque confía en su superioridad en estas fases de la partida?

—En la actualidad, la preparación ajedrecística ha evolucionado mucho desde los tiempos de Kaspárov. Fue una especie de precursor en el campo de la preparación con ordenadores, y ahora creo que es mucho más difícil de lo que era en su época conseguir ventaja en la apertura. Por un lado están mejor preparados, y por otro, plantean líneas más seguras de apertura: como el Gambito de Dama, la Defensa Pétrov, y la Berlinesa. Y éstas no son sencillas de derruir con facilidad.

—¿Cuál consideras que es tu principal punto débil?

—No lo sé. Creo que no tengo grandes puntos débiles. Siento que puedo jugar casi todo tipo de posiciones bastante bien; pero creo que, en general, todo el mundo se desorienta cuando la partida empieza a complicarse. Y a mí a veces también me ocurre.

—¿Cómo mantienes un estado de motivación elevado?

—Sigo pensando que jugar, para mí, es suficientemente estimulante. Como es obvio, mis exigencias son muy elevadas y me propongo lograr todas las victorias posibles. Pero lo más importante es que disfruto jugando.

—¿Qué es lo más difícil de tu profesión?

—Tal vez, estar siempre concentrado. Porque muchas veces, simplemente te quieres dejar llevar; pero tienes que seguir luchando siempre.

—Colaboras con la FIDE en un experimento para luchar contra el dopaje en el ajedrez. ¿Qué obligaciones conlleva y qué piensas de ellas?

—Honradamente, no tengo demasiada información sobre este asunto. No creo que, en general, sea necesario aplicar ninguna medida contra el dopaje [risas]. Bien, esto es todo lo que tengo que decir.

—Ayer jugó una partida brillantísima a la ciega contra Lázaro Bruzón. ¿Cuál es su fuerza de juego en esta modalidad?

—Me impresionó mucho cómo jugó Lázaro. Estuvo presionándome durante toda la partida y no cometió ningún error, por lo que fue muy difícil para mí. Pero estoy muy satisfecho por el modo en que conseguí mantener la concentración, ya que es muy dicícil hacerlo con los ojos vendados. Y creo que ambos tenemos razones para sentirnos orgullosos de esta partida, porque fue un ajedrez de muy alta calidad.

—¿Qué le parece la repercusión que tuvo esta partida en concreto en los medios?

—Creo que es una manera fantástica de conseguir que la gente se interese por el ajedrez, porque no es algo que se vea muy a menudo.

—¿Cómo se siente cuando ve que la multitud se acerca a verlo, pedirle autógrafos…?

—Depende de mi estado de ánimo. Normalmente, me gusta; pero a veces es demasiado.

—¿A qué velocidad puede jugar con un ordenador de tú a tú?

—Realmente, no me interesa demasiado jugar contra los ordenadores. Es mucho más interesante jugar contra personas, y los ordenadores sólo son una herramienta para analizar.

1. Ambos ya la publicaron de forma magistral aquí y aquí.

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